Diarios de la Primera Plaga (del diario de Doc). Por J.D. (IV)


El vendaje ayudaría temporalmente, pero Bes necesitaba un tratamiento que yo no podía darle en ese momento ni en ese lugar, le introduje una vía de salino y comencé a calcular cuánto tiempo tardaríamos en llegar al refugio. Mientras tanto iba revisando al resto de mis compañeros. El más malparado había sido Harry, uno de los exploradores, le había caído gran parte de la pared del granero encima. Tenía un brazo roto. Le apliqué una cedula y le inmovilicé el brazo para ponérselo luego en cabestrillo. Menos suerte tuvo el otro explorador que yacía a unos metros con gran parte del rostro devorado.

Harry viendo mi cara, me preguntó cuál era el problema; le expliqué que no creía que Bes pudiera aguantar los dos días o más que nos quedaban hasta llegar al refugio. Después de pensarlo durante un instante se ofreció para adelantarse y dar aviso de nuestra llegada para que mandaran un transporte. Le indiqué que no podía permitirlo tal y cómo tenía el brazo. Además, no estaba acostumbrado a correr en esas condiciones, su centro de gravedad había cambiado, y podía perder el equilibrio si no iba con cuidado. Me aseguró que no habría ningún problema. Era la única posibilidad de que Bes siguiera con vida. Y lo peor que le podía pasar era caerse y romperse el brazo más de lo que lo tenía.

Sin darme tiempo a replicarle dio un par de saltos para probarse, pareció calcular su nueva situación y comenzó a correr alejándose del grupo. No pude evitar sonreír. Así eran los exploradores. Rápidos e inalcanzables como el viento.

Mi otra preocupación era saber el origen de la herida de Bes, con el estruendo que se había montado nadie sabía si había sido por culpa de la pared derrumbada, algún zombie, algún disparo perdido… no había manera real de saberlo hasta… bueno, no quería pensar en ello. Aún existía una pequeña posibilidad de que si la herida se la había infligido uno de esos seres no se convirtiera… había que tener esperanza (las teorías al respecto de la conversión son largas y merecerían un libro o enciclopedia para ellas solas; existe la creencias –temor- popular de que todo herido por un zombie se transmuta contagiado; y aunque es cierto en gran parte, no es una verdad absoluta, creo).

El recuento final fue de cinco muertos en nuestro bando. No me molesté en contar los del otro. No tenía sentido. Daba igual los que mataras, siempre habría más. Quemamos el granero, aún a riesgo de delatar nuestra posición, y continuamos nuestro camino a paso acelerado con Bes en una camilla. Cada hora cambiaban los porteadores, eso nos permitía mantener un ritmo de paso alto y que la gente descansara un poco.

El camino era largo y la noche se nos echó encima rápidamente. Montamos un campamento y comprobé el estado de Bes, sin cambios, ni para bien ni para mal. Era hora de dormir y descansar, todavía nos quedaba un largo camino por delante.

Por favor, insisto, si tienes este diario, cuídalo dado que ha costado lagrimas, dolor y sangre realizarlo. Sí, lo sé, es un chiste muy malo, pero ¿qué vas a hacer? ¿Matarme?

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s