Diarios de la Primera Plaga (del diario de Doc). Por J.D. (II)


Los primeros días de camino transcurrieron sin novedad y tranquilos. Siempre atentos a cualquier sombra o ruido que estuviera fuera de lugar. Más paranoicos de lo normal. Pero era parte de nuestra vida. Mirar siempre por encima de nuestro hombro intentando matar antes de ser asesinados.

Al anochecer del tercer día, poco después de acampar para pasar la noche, aparecieron los exploradores con malas noticias. A medio día de camino había un “nido”, que era como llamábamos a una agrupación de zombies, y no podíamos rodearlo. Si se nos había colado un espía era posible que otro grupo tuviera el mismo problema y tuviera pensado llevarlo sin saberlo al refugio. No podíamos rodear la zona o arriesgarnos a llevar a los zombies hasta el refugio. Comuniqué, resignado, a los demás que al día siguiente tendríamos que enfrentarnos a los no-muertos. Si el ambiente estaba bajo de moral con esta noticia las cosas no mejoraron mucho y aquella noche no se habló apenas y más de uno no pudo dormir.

La buena noticia era que éramos más que ellos, normalmente éramos grupos de siete, pero por causas del destino el grupo de Mara y el mío se habían encontrado y dado que no quería hacerse notar cuando nos dejó sólo fueron otras tres personas con ella, con lo que éramos una decena de personas contra cuatro o cinco zombies; además, contábamos con el factor sorpresa, o eso esperaba, y no éramos un grupo de principiantes que se ponían nerviosos al verlos o no sabía disparar. Cuando estuvieran a tiro dispararíamos, nada de acercarse para dispararles a bocajarro. No necesitamos tampoco matarlos, simplemente incapacitarlos para que no nos siguieran y no representaran un problema.

Por la tarde, nos habíamos acercado lentamente, llegamos a un pequeño terraplén desde el que podíamos observarlos. Parecían haber “acampado” en lo que había sido una granja, y estaban teniendo un festín con los animales. Lo cierto es que los zombies, por motivos que desconozco, parecían preferir la carne humana y desdeñan la carroña, pero si era necesario no les hacían ascos a los animales. Y parecía que los de esa granja habían sobrevivido para morir en sus manos o en sus bocas, para ser más exactos.

Indiqué a cada uno dónde debía situarse. Y cuando todos estuvimos preparados abrimos fuego. No hubo combate ni peligro. En unos segundos todos los zombies estaban tirados en el suelo. Nos acercamos con prudencia para asegurarnos que no pudiéramos tener ningún problema en el futuro o alguna sorpresa desagradable y cuando estuve seguro indiqué que siguiéramos la marcha. No teníamos tiempo para quemarlos. Tendrían que quedarse ahí hasta otro momento.

Comenzamos a cruzar por detrás del granero cuando todo se nos vino encima, literalmente. Las paredes cedieron y saltaron astillas. Y detrás, toda una horda de zombies salió de dentro del granero y se abalanzó contra nosotros tomándonos completamente por sorpresa.

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