Diarios de la Primera Plaga (del diario de Mara). Por J.D. (V)


Mientras hacía el desayuno es cuando he escuchado los gritos y la agitación. Al principio he supuesto que eran los zombies que nos habían encontrado. He salido corriendo con la pistola en la mano, amartillada y con el seguro quitado, hasta el lugar en el que se originaban los gritos. Al llegar he visto a alguien señalando en dirección al bosque. A lo lejos había una figura corriendo, parecía el nuevo, ¿qué estaba pasando? Rápidamente nos ha puesto al día, al parecer había visto al nuevo con una especie de radio y cuando se ha acercado a preguntarle qué estaba haciendo y si captaba algo el nuevo se ha alarmado y ha salido corriendo.

He señalado a un par más de los que habían llegado para que me siguieran y hemos salido corriendo en persecución del nuevo, que estaba ya bastante cerca del bosque. Cuando nos hemos ido acercando le he indicado a mis compañeros que nos fuéramos separando unos cincuenta metros para cubrir más distancia y a la vez estar cubiertos cuando entráramos en el bosque. Pero nada más entrar hemos escuchado un grito familiar, aterrador, el grito de la muerte.

Ese grito tan familiar, que indicaba que alguien había sido cazado por uno de esas cosas. Ese grito que te indicaba que el cazado era consciente de su muerte inminente. Ese grito que te anticipaba problemas desconocidos, ¿cúantos? ¿dónde? ¿Cómo? Ese grito que te recorría la espina dorsal con un escalofrío, porque te dabas cuenta que había sido otro y no tú el desafortunado.