Diarios de la Primera Plaga. Por J.D. (II)


Hoy hemos encontrado a un superviviente. Aunque un poco más y lo que encontramos es un hombre sin cabeza. A quién se le ocurre esconderse en un contenedor sin poner un aviso de “humano vivo dentro,” nunca he visto a un zombie leer ni escribir, así que…

Todo ha comenzado cuando hemos hecho una incursión en un pueblo en busca de comida en buen estado y material que pudiese ayudarnos a sobrevivir como pilas, munición y abrelatas. Mientras salíamos de una casa sin mucha suerte hemos escuchado un ruido en uno de los contenedores. Hemos pensado que era una de esas cosas, por lo visto les gusta más la oscuridad, será porque así no han de verse los pellejos colgando en los reflejos. El caso es que nos hemos preparado para volarle la tapa de los sesos en cuando asomara la cabeza y nos hemos encontrado con un pobre hombre aterrorizado que salía con las manos en alto pidiendo que no le matáramos, que no era una de aquellas cosas come-cerebros.

Después de recuperarnos de la sorpresa, hacía tiempo que no encontrábamos nadie vivo, nos hemos ido presentando y le hemos indicado dónde podía lavarse. Lo cierto es que apestaba. Según a él eso le ha ayudado a seguir vivo. Según nuestra experiencia ha sido la simple suerte del tonto. Esas cosas tienen un sentido del olfato extraordinario y no se dejan engañar por un poco de mal olor. Nos reconocen por muy bien que intentemos camuflar nuestro olor.

Le hemos explicado al nuevo las reglas: No robar, No mentir, y guardarse siempre una bala con su nombre, los problemas se hablan entre todos cuando estemos alrededor de la hoguera y no se permiten rencillas personales que puedan costar vidas.