El patio de los carpinteros (y VIII) Por Juan Gómez


Xiqui y el sargento David llegaron hasta el lugar a los pocos minutos. Primero encontraron los cadáveres de Francisca, Miguel y Jacobo a los que le sargento les metió una bala en la cabeza sólo por si acaso. Siguieron andando un poco y encontraron la escena del zombie devorando el cerebro de Teresa con el cuerpo inconsciente de Gracia a su lado. Xiqui apunto cuidadosamente al zombie y dijo murmullando al sargento.

–Blanco fijado, señor, a su orden abriré fuego.

David sonrió y encendiendo un habano comentó.

–Espera un momento, a ver que pasa

–A sus órdenes.

El zombie siguió devorando a Teresa durante un tiempo, pero luego por una extraña razón pareció harto y fijó sus ojos en el cuerpo de Gracia. Xiqui miro al sargento y dijo:

–Mi sargento que el bicho se levanta y mira a Gracia, Joder, el tío tiene hambre… Sargento, convendría disparar que si no podríamos perder a Gracia

–Menuda pérdida –replicó David sin inmutarse.

–Sargento, que el bicho ya está encima de Gracia, yo le dispararía

David pegó un golpe en el hombro a Xiqui para que le mirara a los ojos y dijo:

–Mira, recluta, me caéis como el culo todos juntos, no os aguanto para nada y por esta gilipollez de haberse muerto casi todo el pelotón me van a meter un puro por el culo, y va a ser tan grande si se muere la jodida Gracia como si no, así que me voy a dar el gusto de ver cómo el puto cabo Sánchez le come la cabeza a esa pedorra. Yo me voy a la puerta de acceso para ir rellenando el informe, tú espera de que el cacho carne le halla pegado un par de ñekes a la perra ésa y luego los rematas a los tres, sólo por si acaso.

Xiqui se quedo allí esperando un minuto hasta que el zombie mordió con avidez a la mujer. Sólo cuando se hubo asegurado de que todo había acabado para ella abrió fuego y abatió al bicho. Después se acercó a los cadáveres y les soltó una corta ráfaga en la cabeza a cada uno, para finalmente recargar el arma y emprender el camino a las compuertas. En noches como éstas es cuando uno puede irse a dormir con la satisfacción del deber cumplido –pensaba Xiqui. Sólo una cosa rondaba la cabeza del soldado. ¿Debía apuntar que había matado a un zombie, al cabo Sánchez, o los otros también le puntuaban como tales?