El patio de los carpinteros (VII) Por Juan Gómez


Teresa miraba la oscuridad que la rodeaba con terror, asía su arma con tanta fuerza que las manos las tenía blancas. Gracia estaba un paso mas atrás, apoyaba el fusil contra una cruz a modo de trípode.

–Teresa, recuerda, hay que dispararles a la cabeza, sólo cuando se la revientes estará verdaderamente muerto

Teresa ni siquiera se giró para responder

–Joder tía, ya lo sé, coño, ya lo sabía antes de entrar en el puto ejercito, ya lo sabía antes de ir al colegio lo sabía antes incluso de aprender a chupar pollas, un tiro en la puta cabeza, reventarles la mollera, saltarles los sesos.

Teresa intentó tranquilizarse y se dedicó a contemplar la oscuridad y una oscura forma que se aproximaba a trompicones

–Tía, joder, que viene –Gracia gritaba como si se acabase el mundo–. Dispara, tía dispara ya

A Teresa le temblaba todo el cuerpo

–Joder, es que no se está quieto el muy cabrón –dijo Teresa.

Finalmente, cuando el zombie estaba a pocos metros, Teresa por fin pudo accionar el gatillo y, como era de esperar, sonó el sonido del percutor en vacío. Al principio no reacciono y siguió disparando, su cerebro incapaz de procesar aquella información. Teresa miro a los vacíos ojos del no muerto y sólo acertó a musitar:

–Por favor señor zombie, no me coma

El cuerpo animado del cabo Sánchez no mostró ninguna emoción mientras se lanzaba sobre la pobre mujer y hundía sus dientes contra la nariz y los pómulos mientras la agarraba con fuerza en una presa. Gracia apuntaba a la melee con su arma mientras gritaba:

–Teresa, apártate de él, joder, muévete para que pueda disparar, tía, sal de ahí.

Pero Teresa estaba demasiado ocupada sintiendo crujir sus huesos bajo la mandíbula del bicho. Desesperada, Gracia abrió fuego con la misma efectividad que su compañera que ya había sido medio despedazada por el zombie, e indignada cogió el arma por el cañón y la usó a modo de garrote contra el no muerto que seguía degustando los pensamientos más profundos de Teresa. Indignado, por definirlo de alguna manera, ante tamaña molestia, el no muerto lanzó un golpe contra la rodilla derecha de Gracia que emitió un doloroso ruido al fracturarse. Gracia se precipitó hacia delante y fue a estrellar su cabeza contra una de las cruces allí plantadas, quedando inconsciente. Una vez resuelto el estorbo, el cabo Sánchez siguió comiendo.