El patio de los carpinteros (V) Por Juan Gómez


David se acercó al cadáver de Javier y le propino una patada en el estomago, luego otra en lo que quedaba de la cabeza y finalmente descargo su ira contra la espalda del difunto recluta. Xiqui presenciaba aquella muestra de rabia incontrolable con indiferencia y con el conocimiento del deber cumplido. Por eso se quedó bastante sorprendido cuando el sargento cogió su pistola y le apuntó a la cabeza.

–¡Maldito saco de mierda podrida, hijo de una puta rastrera desahuciada por furcia! Tienes tres segundos para darme una razón que me impida convertir tu cabeza de asno en el culo de un maricón del barrio chino.

Xiqui se quedo blanco y miró a su superior incapaz de pronunciar palabra, dispuesto a afrontar la muerte estoicamente. David le contempló y acarició el gatillo dispuesto a descerrajar un tiro sobre el pobre hombre, pero en ultima instancia se contuvo y metió el arma dentro de la boca del recluta

–Ahora me vas a decir cómo es que tu arma tenía munición. ¡Habla, cabrón!

Xiqui intentó mascullar palabras pero de su boca no salió nada comprensible, David sonrió con sorna y retiró el arma de la boca del soldado y le miró fijamente y dijo:

–Antes de salir a patrullar, cuando os dije que revisaría vuestras armas, retiré la munición de vuestras armas, pero por alguna extraña razón tu M16 se ha cargado dos compañeros: a tu colega Javier y al pringao al que encargué que se escondiera allí detrás disfrazado de zombie para daros un susto de muerte.

Xiqui comenzó a tartamudear.

–V-vera, señor, es que yo… luego revisé mi arma para comprobar que todo estuviera en orden y vi que no tenia munición, y claro, pensé Este pobre hombre con tantas cosas en la cabeza habrá sacado el cargador y sin querer luego habrá puesto uno vacío.

–¿Porqué cojones no me dijiste nada, cacho carne?

–Pues verá usted, señor sargento, me dije, Para qué voy a fastidiarle con esto que seguro que le hará sentirse mal si yo puedo arreglarlo sin molestar a nadie, pues mejor.

–Claaaaro, y luego viene cuando salimos a pasear y tú juegas a Bufalo Bill con tus compañeros –David miro el cadáver de Javier y luego buscó el cuerpo del cabo Sánchez, al que había arrastrado a la muerte por una estúpida novatada.

–Xiqui, cuando disparaste al cabo, ¿le reventaste la cabeza? –preguntó David,

Pues le solté una buena ráfaga al cabrón, je, je, casi le corte en dos –hizo una pausa–, perdón señor, que ahora he recordado que era amigo suyo.

David reventó en ese momento y propinó un fuerte puñetazo a Xiqui en la cara que le dejó sangrando como un cerdo.

–Serás gilipollas, maldito mal nacido, te he preguntado si le habías reventado la cabeza porque ahora sólo hay un cadáver, y si no me equivoco eso significa que el cabo Sánchez es ahora el zombie Sánchez.