El patio de los carpinteros (IV) Por Juan Gómez


El miedo se apoderó del pelotón en cuestión de segundos. Jacobo intentó accionar su M16 pero el miedo y los nervios parecieron jugarle una mala pasada y su arma no pasó de soltar un ruido repetitivo y sordo. Las tres mujeres simplemente salieron huyendo en la dirección contraria a la del zombie. Javi estaba de nuevo en el suelo, rascándose con tanta fuerza las heridas causadas por el zombie que su cara era ahora un mapa sangriento. Sólo Xiqui permanecía en pie; podía sentir cómo el sudor chorreaba por su cabeza y manos. Apretó su arma como para partirla y miro fijamente la bestia infernal. –Eh, tú, cara culo, come plomo El zombie se giró hacia el valiente soldado, sonrió y se adelantó hacia él con los brazos extendidos. Xiqui apretó el gatillo y una ráfaga atravesó el vientre del no muerto, salpicando de sangre las blancas cruces de alrededor. El zombie cayó al suelo inmóvil. El soldado preparó su arma para rematarlo pero los gritos de Javi le devolvieron a la realidad. –Xiqui, socorro, hemos de limpiar la herida, rápido antes que la infección se extienda, dame antiséptico. Xiqui miró con lástima al pobre chaval, cerró los ojos un segundo y luego apunto a la cabeza de Javier con su subfusil. –Para ti sólo hay un antiséptico que realmente funcione. Javi no acabó de comprender lo que le iba a pasar, hasta que el arma soltó plomo y le reventó la cabeza en una ensalada de sesos, huesos y sangre. Xiqui recargó el arma y se cuadró mientras el sargento corría hacia él con la cara hecha un rictus de terror.