Los cementerios, teorias y revelaciones


El verlos surgir de los cementerios era todo un espectáculo que en algunos casos se convirtió en un peligroso juego para algunos locos fanáticos paramilitares en busca de emociones fuertes.

Inicialmente muchos pensaron erróneamente que los levantamientos eran masivos, que todos los fallecidos regresaban en bloque. Pero como el mismo sentido común hizo ver pronto, ningún humano –vivo, muerte, resucitado o vuelto a la vida- era capaz de levantar las pesadas y cerradas tapa de los ataúdes y mucho menos remover los dos metros de tierra bajo los que eran sepultados.

Pero como siempre, hay chapuzas, y un mínimo de fallecidos regresaban. Y no había cementerio que se escapase de ello, siempre había algún caso en el que el operario de turno la había cagado por las prisas, la falta de tiempo, la desidia o las faltas de ganas de trabajar. En esos casos –los pocos- si se daba la doble circunstancia de un ataúd no enterrado a una profundidad suficiente y un sarcófago sin cerrar adecuadamente, la paciencia infinita del no muerto hacía el resto, y era cuestión de tiempo el que escarbara lo suficiente, removiendo la tierra.

Como todo, esto es una teoría, con la que muchos no estaban de acuerdo. Muchas fuentes indicaron posteriormente que en muchos casos, eran las propias funerarias las culpables de que los muertos regresaran de sus tumbas; al parecer, algunas de ellas, “recuperaban” los ataúdes para ponerlos de nuevo a la venta, limpio e intacto, enterrando de nuevo al huésped libre de ningún tipo de prisión de madera.

 Al principio, los no-muertos, regresaron en bloque, no quedando ningún cadáver con posibilidades de “escapar” fuera de los cementerios. A pesar de ello, hubo algunos cementerios donde la propagación y el “levantamiento” fue algo más tardío. Como es condición humana, no tardó en haber quien intentó sacar partido de dicha situación, organizando y preparando “Viajes a cementerios vírgenes”, es decir, excursiones privadas hasta cementerios de pueblos no infectados en los que un grupo de amigos o conocidos, armados hasta los dientes, esperaban como si de un pic-nic se tratara, el posible resurgir de los seres que allí descansaban.

Obviamente, hubo gobiernos locales que prohibieron tajantemente dicha práctica, lo cual dio pie a la aparición de partidas furtivas de grupos que hacían caso omiso a dichas prohibiciones. En otros casos, fueron los mismos pueblos los que por una fuerte suma de dinero ofrecían la excursión, con el apoyo incluso de las fuerzas de seguridad locales.

Normalmente no pasaba nada, sobre todo porque ningún muerto lograba salir de su tumba, pero en algunos casos, había alguna que otra desgracia.