Jornada 01 Destino final (35)


El cabo miró a su alrededor tratando de encontrar la manera de cumplir las órdenes recibidas y se mostró sorprendido al ver un rostro conocido. Salió a la carrera a interceptarle.

-Manu, ¿qué coño haces aquí? –Preguntó al soldado Mesquida, el zapador que se había encargado de abrir la nueva puerta en la Torre del homenaje del castillo de Bellver.

-Obedeciendo órdenes –le dijo a modo de explicación- ¿Y tú Joan? Te hacía en la Península viviendo la buena vida.

-Ahí estaba, hasta que algo o alguien ha mandado llamar a la isla al general. Y yo detrás como su perrito faldero. A ver, ¿qué está pasando?

-A mí no me mires. Yo no sé nada.

-Venga, venga, algo sabrás.

Jornada 01 Destino final (34)


-General Sarmiento, ¿a qué se debe este honor? Dijo cuadrándose cuando llegó a su altura.

-¿Se puede saber qué es todo esto? –Dijo el general entre molesto y sorprendido por lo que estaba viendo.

-Traidores, e infectados –dijo Ibáñez rápidamente- Estoy tomando medidas para salvar esta base.

-Eso habrá que verlo –dijo el general que no parecía creer una palabra de lo que estaba escuchando-. A ver, cabo Mezquita, averigüe si las pulseras están funcionando bien.

-Es Mesquida, señor –le corrigió su ayudante.

-Malditos apellidos autóctonos –murmuró por lo bajo el general- Lo que sea. Averigüe qué está pasando.

Jornada 01 Destino final (33)


-¿Se puede saber a qué estáis esperando? Os he dado una orden –insistió Ibáñez molesto- A ver si tengo que dar ejemplo con alguno de vosotros primero.

Y alzó su pistola apuntándola a los soldados que estaban en fila.

-Vamos a probar de nuevo. Preparados. Apunten –Ibáñez paseó su pistola entre los soldados amenazadoramente.

-¿Se puede saber qué está pasando aquí? –Rugió una voz de repente interrumpiendo la ceremonia.

Ibáñez se giró enfadado buscando el origen de esa nueva interrupción y se quedó sorprendido. Corrió hacia el recién llegado.

Jornada 01 Destino final (32)


Tanto los policías supervivientes como los periodistas y el resto de civiles viendo que les iban a matar decidieron tratar de resistirse todo lo posible y vender cara su vida, pero poco podían hacer desarmados contra soldados profesionales por mucho que sus movimientos fueran más lentos por llevar los trajes NBQ. Los soldados simplemente usaban las culatas de sus armas para apartar a los más violentos.

Finalmente el primer grupo fue arrastrado hasta la pared mientras Ibáñez señalaba a unos cuantos soldados al azar para que se pusieran en fila y se prepararan para la ejecución sumarísima que había ordenado.

-Venga, preparados –dijo Ibáñez gritando y levantando ceremonialmente el brazo- Apunten. Fuego.

Nadie disparó.

Jornada 01 Destino final (31)


Vázquez mordía nervioso el cigarrillo y se acercó una vez más a su superior tratando de ganar algo de tiempo esperando que se diera algún milagro.

-Capitán, ¿está seguro de que no sería mejor contactar con el Alto Mando? Que lo que quiere hacer es una barbaridad.

-Estamos en guerra soldado Vázquez, y hay que tomar decisiones drásticas por el bien de la Humanidad y de su supervivencia.

-Pero matar a estos civiles no tiene sentido señor.

-Que se calle de una vez. O ayuda o sale de mi vista. Si me sigue molestando a lo mejor usted corre la misma suerte por colaborar con el enemigo.

-Pero si usted me ordenó salvarles –dijo alarmado Vázquez viendo que ahora era su cuello el que estaba en juego.

-Eso dice usted. Yo no lo tengo tan claro. A lo mejor falsificó las órdenes. Tengo muy mala memoria a veces –le amenazó Ibáñez- A ver, poned al primer grupo en esa pared y acabemos con esto de una vez.

Jornada 01 Destino final (30)


¿En qué estaría pensando el sádico del capitán? ¿En matarles primero para que al resto de supervivientes les entrara el pánico y así poder justificarse o en dejarles vivir más tiempo para que pudieran ver cómo no había podido cumplir con su deber de defender a los civiles?

Se acercó a Escobar esperando que éste tuviera alguna idea.

Tenemos que salvar a esa gente pero no se me ocurre nada. Acepto sugerencias y con mucha urgencia.

Escobar miraba de un lado para otro impaciente.

-Que te estoy hablando a ti –insistió Vázquez visiblemente nervioso.

Y no eran los únicos dado que parecía que tanto los policías como el resto de supervivientes del castillo se estaban comenzando a temer lo peor y comenzaban a negarse a obedecer a los militares armados a los que Ibáñez les estaba metiendo prisa para que los acorralaran a todos.

Jornada 01 Destino final (29)


Vázquez no podía creerse que Ibáñez realmente estuviera tan loco como para fusilar ahí mismo a los supervivientes. Claro que le había volado la cabeza a un policía antes de que el mundo se fuera al garete así que nunca se sabía. A lo mejor todo esto sólo había hecho que la verdadera personalidad del capitán saliera a la superficie. Y esa personalidad era demasiado sanguinaria para su gusto.

Volarle la tapa de los sesos pasó por su cabeza, seguramente no sería muy complicado hacer ver que fue la única acción posible pero estaba el problema de que le habían desarmado al entrar en cuarentena. Es cierto que tenía sentido el quitarles las armas pero, vamos, que mal momento para cumplir las reglas.

Pensó en los cuchillos del desayuno, pero desechó la idea. Los utensilios también estaban preparados para que no pudieran ser usados como armas y así en caso de revuelta no hubiera problemas.

Mientras tanto Ibáñez había comenzado a dar la orden de agrupar a los supervivientes civiles y separar a los policías del resto.

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