Jornada 10. El final del principio (33)


Fue entonces cuando un zombi saltó sobre el capó del pequeño vehículo sorprendiendo a Mara. El no-muerto pareció agacharse y ponerse a cuatro patas como si fuera un depredador estudiando a su presa. Tenía la sensación de que si fuera un animal le estaría olisqueando y babeando. Una bala solucionó el problema y tiró al zombi al suelo. Luego comprobó el cargador de la pistola y lo recargó. Se puso en marcha sin pensar dos veces en lo que acababa de pasar. No tenía tiempo para ello.

Los zombis comenzaron a moverse en su dirección pero ésta iba cambiando a cada momento lo cual era bueno, lo malo era que se comenzaban a agrupar sus perseguidores y tarde o temprano tendría que parar pensaba mientras esquivaba a los más despistados. Se sorprendió de ver que la mayoría de aeronaves no estuvieran en cubierta sino en el hangar Tal vez podría aprovechar eso para provocar una reacción en cadena. Seguro que el combustible ardía a las mil maravillas y todo explotaba de una forma salvaje y más en ese entorno casi cerrado. Buscó con la mirada su objetivo y de nuevo tuvo más suerte de la que esperaba. Descubrió una pirámide de lo que parecían ser bombas de gran tonelaje cerca de ¿babor? ¿estribor? No tenía claro ni siquiera si estaba yendo a proa o popa. Giró el vehículo sin perder de vista a los zombis que cada vez eran más y la comenzaban a rodear por todos los lados. Menos de un minuto después contemplaba dos grupos de unas diez bombas. Y un par más que estaban dispuestas para ser cargadas en uno de los aviones que estaba a unos metros pero que nunca lo fueron seguramente por lo sucedido a bordo.

Rápidamente analizó la situación. Al lado de las bombas sueltas había una pequeña grúa que se usaba para mover el armamento hasta la cubierta de vuelo y cargarlo posteriormente en el avión. Eso le serviría para mover las bombas al capó de su vehículo. Luego además, tenía que asegurarlas para que no se cayeran por el camino. Y todo eso tenía que hacerlo con la amenaza cada vez mayor de los zombis que se iban acercando y rodeándola sin prisas. Como si creyeran tener todo el tiempo del mundo. Si ellos supieran.

Jornada 10. El final del principio (32)


Se quitó los auriculares y se dispuso a salir de aquella sala. Ya no le quedaba nada más por hacer que tratar de conseguir hacer el mayor daño posible para detener la explosión nuclear. Puso una cuenta atrás en su reloj y se dispuso a salir a enfrentarse a los zombis.

El pasillo estaba vacío y se dirigió hacia las escaleras. Volvió a tener la misma sensación que la vez anterior sólo que más aguda, de manera que se tuvo que apretar la cabeza en un gesto inútil para que parara. Maldito Doc. Incluso muerto seguía causando problemas. ¿No había pensado eso hacía nada? ¿Se estaría volviendo loca? Subió las escaleras despacio y atenta a los movimientos en la parte superior. Varios zombis la estaban esperando al final de la escalera, y otra vez parecían estar dubitativos, pensando en si atacarla o no. Mara no se lo pensó dos veces y comenzó a disparar su pistola sin pausa dejando su camino libre.

Pero eso sólo era el comienzo. Como había pensando la zona de hangares estaba repleta de zombis por todas partes. Era imposible para ella que pudiera sobrevivir a aquello. Pero debía intentarlo. Los no-muertos más cercanos habían notado los disparos y comenzaban a mirar en dirección a la posición de Mara que sabía que debía moverse. Miró a su alrededor buscando algo que pudiera ayudarla. Pegado a una de las paredes de metal había un pequeño carrito eléctrico que se usaba habitualmente para transportar personal, material o lo que hiciera falta. Corrió hacia el mismo sin perder tiempo y se puso detrás del volante. Afortunadamente no necesitaba códigos ni nada por el estilo para ponerlo en marcha. Sería una pequeña ventaja. Así no se cansaría y podría recorrer el hangar más rápidamente que a pie.

Jornada 10. El final del principio (31)


-La central nuclear del portaviones está a punto de explotar y causar una enorme explosión nuclear que borrará del mapa Mallorca y sus alrededores –dijo Mara como respuesta- Es necesario hundir el barco para impedirlo, cambio.

-Eso es imposible. Los norteamericanos nunca lo permitirían. Además, hay medidas para impedirlo. Cambio.

-El portaviones está repleto de zombis. No queda nadie vivo para impedir la explosión. Además, los sistemas han sido inhabilitados por un virus informático. Cambio.

El silencio se volvió a hacer al otro lado. Y durante unos minutos no se escuchó nada. Seguramente el capitán del submarino estaría pensando en qué hacer y las repercusiones de sus acciones.

-De acuerdo –se escuchó al otro lado- Nos ponemos en marcha. ¿Las contramedidas estarán desactivadas? Cambio.

-Las automáticas seguramente no… o tal vez sí. No sé exactamente cómo funciona el virus informático. Mejor disparar de sobra que no arrepentirnos después. Cambio.

-Tardaremos unos quince minutos en estar en posición. Dispararemos suficientes torpedos y si no son suficientes dispararemos más. Cambio.

-De acuerdo. Quince minutos. Trataré de ayudar desde aquí. Cambio.

-¿Qué planes tiene? Cambio.

-Había pensado en ir hasta los hangares y hacer explotar algunas bombas. Supongo que eso ayudará. Cambio.

-Pero… eso es suicida. Cambio.

-Es por una buena causa… además, creo que estoy contaminada con lo mismo que ha transformado al resto de la tripulación. Así que… Cambio y corto.

Jornada 10. El final del principio (30)


Mara se recostó en su asiento tratando de pensar en una manera de llevar a cabo su misión. ¿Buscar un depósito de municiones y hacerlo estallar? Seguramente la cubierta directamente debajo de la de vuelo tendría acceso a uno de esos almacenes. Sólo tendría que quitar el seguro de la espoleta de una y lanzarla contra el resto, si eso no causaba una buena explosión nada lo haría. Pero, ¿sería suficiente? Además, estaba el problema de llegar hasta esa zona. No estaba lejos de las escaleras, el problema era que esa cubierta era gigantesca y seguramente estaría llena de zombis deseosos de acabar con ella. Debía tener un plan alternativo por si ella no lo conseguía… ¿Y las armas defensivas del barco? Seguramente dispondría de misiles antiaéreos y seguramente requerirían códigos que no tenía.

Tal vez… Necesitaba recordar la frecuencia e introducirla en la consola.

-Enano gruñón a Blancanieves, cambio –dijo usando el micro.

No escuchó nada a través de los auriculares.

-Enano Gruñón a Blancanieves, cambio –insistió sabiendo que el tiempo corría en su contra.

Tras unos minutos de repetir finalmente obtuvo respuesta.

-Aquí Blancanieves, ¿lista para la recogida? Cambio.

-Negativo, Blancanieves. ¿Necesito que se coloque en posición y mande manzanas al palacio de la Reina. Cambio.

-Repita, enano Gruñón. –dijo una voz alarmada al otro lado de los auriculares.

Mara odiaba el uso de los códigos.

-Necesito que lance torpedos contra la línea de flotación del portaviones –dijo perdiendo la paciencia- Es una cuestión de vida o muerte, cambio.

-Negativo enano Gruñón –le respondieron- Y hable en código, cambio.

Jornada 10. El final del principio (29)


Gritó desesperada y escuchó algo a través de los cascos. Era un mensaje del ordenador diciendo en perfecto inglés que no entendía la orden. La jodida tecnología. Solicitó hablar con el exterior y dictó el número de teléfono de Gerald y esperó… pero la línea parecía estar muerta. Decidió marcar otro número que correspondía al hotel en el que residía el informático. Una voz femenina al otro lado le comunicó amablemente en castellano, inglés alemán y francés que las líneas estaban saturadas y volviera a intentarlo más tarde mientras se disculpaba por las molestias ocasionadas.

Aquello era un maldito desastre. Gruñó frustrada. Y la voz femenina le volvió a comunicar que no entendía lo que decía. Decidió probar suerte y pedir al ordenador procedimientos para apagar los reactores nucleares del navío. Por supuesto era material clasificado y debía proporcionar unos códigos de los que no disponía. Probó a pedir procedimientos de emergencia. Al fin y al cabo esos sí que debían de ser más fáciles de acceder por motivos obvios. La lista era larga y no tenía tiempo para revisar todos los supuestos. Así que la revisó rápidamente y esperó acertar con su elección. Debía descartar todos aquellos procedimientos que obviamente requirieran estar presente o cerca o tener acceso a la sala de reactores. Encontró un procedimiento prometedor y lo leyó con atención. Al parecer si el sistema del portaviones notaba un peligro inminente del estilo de que fuera a ser destruido, existía un procedimiento automático que desconectaba por completo el reactor.

Ahora sólo tenía que conseguir explosionar el portaviones para impedir que el reactor volara la isla por los aires. Sencillo.

Jornada 10. El final del principio (29)


Daba igual, estaba en una habitación llena de zombis deseosos de acabar con ella. Y no tenía más tiempo que perder buscando otra sala de comunicaciones. Así que cerró la puerta detrás de ella, comprobó su pistola y comenzó a disparar sin compasión a las cabezas de los tripulantes transformados. Con los que tenían máscara fue más complicado pero tras varios minutos sin moverse de su sitio y apuntando con paciencia y eficacia los cadáveres habían dejado de moverse. Para Mara todo había pasado de una manera demasiado fácil, los zombis parecían estar confusos, se dirigían hacia ella pero se paraban, y se volvían a poner en marcha. Ni siquiera el ruido de los disparos les había parecido hacer reaccionar y atacar con más ganas.

Mientras Mara revisaba los equipos se preguntó a quién llamar… ¿A Gerald? ¿Al ejército? Podría hacerse pasar por parte de la tripulación del portaviones, pero resultaría extraño que llamara a tierra. ¿Y sí decía la verdad? Que los zombis habían tomado el portaviones, ¿la creerían? Decidió que lo mejor era llamar primero a Gerald… si conseguía averiguar cómo hacerlo. Estudió las consolas con atención. Tantas pantallas y tantos teclados. ¿En qué estaría pensando? ¿Por dónde empezar? Buscó un simple teléfono con el que poder llamar. Y no encontró ninguno salvo el que se usaba para comunicarse con el resto del navío.

Respiró hondo. Y estudió con más atención las consolas. La solución estaba ahí. Debía tranquilizarse. Aunque el pensar que se estaba preparando una explosión nuclear no ayudaba. Por supuesto. La solución estaba en su mayoría esparcida por los suelos. Cascos. Todas las consolas tenían una salida para auriculares. Cogió unos esperando que funcionaran y que con todo el lio no estuvieran rotos. Los conectó a una de las consolas y volvió a buscar la manera de comunicarse con el exterior. Seguramente debía escribir algún comando, o buscar algún icono en el escritorio. ¡No tenía tiempo para eso!

Jornada 10. El final del principio (28)


El interior estaba extrañamente a oscuras y no había ni rastro de agua. Las luces de emergencia iluminaban la sala que estaba llena de equipos informáticos. El olor le ayudó a aclarar el motivo para que aquel sitio no estuviera mojado, y los problemas para entrar. El sistema antincendios usaba argón para reducir el oxígeno de la habitación y así ahogar el fuego. Por lo que sabía si el sistema estaba bien equilibrado y el personal entrenado podía usar máscaras e incluso sin ellas sobrevivir dado que el oxígeno no desaparecía completamente.

Lo que llevaba a la pregunta de ¿dónde estaba el personal asignado a las comunicaciones? La respuesta la descubrió cuando comenzaron a aparecer de detrás de algunos de los aparatos, algunos todavía con sus máscaras puestas. ¿Qué había podido ocurrir? Si el agua era el culpable de la transformación, ésta no había alcanzado aquella sala pero, aún así, en este caso algunos sí mostraban heridas de mordeduras. Se preguntó si podía ser que al no haber ningún fuego el argón hubiera reaccionado y asfixiado a parte de los marineros, convirtiéndose estos y atacando a sus sorprendidos compañeros…

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