Jornada 9. La Ira de Dios (102)


-En condiciones normales ya se queja de que no llevo invitados a casa –le respondió sin perder la sonrisa- Así que en estas condiciones estoy seguro de que estará encantada de tener no sólo a una persona cultivada como usted que también sabe usar una escopeta y tiene línea directa con Dios.

-Bueno, la verdad es que mis conversaciones con el Señor son más bien monólogos –respondió Xavier- Creo que sólo el Papa obtiene respuestas.

-Paparruchas –intervino Pere- Lo que pasa es que todo el mundo quiere hablar con Dios y no puede respondernos a todos.

-Será eso –dijo Joan- Decidido, se viene a casa. Y mañana subiré con mi familia al santuario.

-Yo me pondré a hacer llamadas para que la gente se prepare –dijo Pere suspirando- Y mandaré también a gente a las casas.

-Seguro que mi mujer está encantada de dar las noticias a sus amigas –dijo Joan- Así que cuando llegue a casa le llamaré para darle una lista de gente a la que no tiene que llamar.

-Le agradezco la ayuda –sonrió Pere mientras se acercaba a la pareja y les daba la mano- Ya hablaremos mañana en todo caso.

Jornada 9. La Ira de Dios (101)


-¿Me fusilarán ahora? –Preguntó Xavier tratando de obtener alguna reacción.

-No, creo que podríamos llamar la atención de los zombis –respondió sonriendo Pere que se puso en pie- Nos ha dado mucho en qué pensar padre, tal vez lo mejor sea trasladar temporalmente el pueblo al santuario y hacer los planes desde ahí. Más tranquilos y aislados. Si los zombis tienen todo el tiempo del mundo nosotros tendremos que ser pacientes para tomar este tipo de decisiones con calma y tranquilidad.

-Creo que estamos de acuerdo –dijo Joan poniéndose también en pie- Dejaremos a algunos voluntarios… solteros para que avisen si aparecen zombis por el pueblo.

-Me alegro de haberles servido de ayuda –respondió Xavier que también se puso en pie- Creo que si no me necesitan más seguiré mi camino.

-Se hará de noche pronto –le interrumpió Joan- Así que hoy cena en mi casa y se queda a dormir con mi familia.

-¿No le convendría hablar primero con su mujer? –Advirtió Xavier que tenía experiencia en esas lides a su pesar- No sé si estará muy contenta de tener un invitado inesperado.

Joan se quedó un momento pensativo y sonrió.

Jornada 9. La Ira de Dios (100)


-Que decida cada familia –respondió Xavier- Dense un tiempo cuando esté todo acabado. Traten de no pensar cuando estudien los refuerzos, simplemente que los muros sean gruesos, no tienen porqué ser demasiado altos, cuanto más altos más fácil que la gravedad les afecte, y si se cae parte del mismo que no afecte al resto y sea fácil de reparar. Vigilen los puntos ciegos… y no llamen la atención.

-Así que nada de campanas para llamar a misa o dar alertas –señaló Pere- Y nada de pegar gritos.

-Piensen que los zombis no salen a buscarnos y cazarnos –señaló Xavier- Se mueven al azar y si escuchan o ven o notan algo que les llame la atención buscan su origen. Si se quedan en el pueblo sin pegar tiros ni causar explosiones es posible que no vean un zombi en mucho tiempo.

-Podríamos montar patrullas de caza para matarles lejos del pueblo –sugirió Joan- Así resolvemos dos problemas.

-¿Y cómo se aseguran de que no les seguirán? –Apuntó Xavier- Es mejor que no salgan más de lo necesario si se quedan. ¿Recuerda lo que me contaba de su infancia, Joan? En el santuario no se veían apenas zombis. Seguramente porque no llamaban la atención para nada.

Sus contertulios se quedaron en silencio estudiando las palabras del sacerdote. Tal vez las duras palabras de Xavier no habían sido en vano. Ciertamente era cierto que estaban algo confiados, y con su discurso les había arrojado un jarro de agua fría sobre esa confianza. Y lo que había señalado era tan lógico y obvio… pero no había pasado por sus cabezas.

Jornada 9. La Ira de Dios (99)


-Siempre les queda rezar –dijo Xavier tratando de quitarle hierro al asunto sin mucho éxito- En este caso la suerte está de nuestra parte. Si no hubiéramos detenido el grupo del santuario ahora seriamos todos historia. Hemos de tener fe. Ya sobrevivimos durante la Gran Plaga aunque…

-No me diga que tiene más malas noticias –dijo el alcalde dándose cuenta de que se había quedado sin puro.

-El éxito durante la Gran Plaga fue que no sabíamos cómo actuar –señaló Xavier- No analizamos al enemigo hasta la extenuación. No les consideramos inteligentes. Los tratamos como… parásitos que había que eliminar. Pero ahora, con el tiempo, les hemos cogido un respeto que no merecen. Y eso puede ser lo que acabe con nosotros esta vez.

-De acuerdo, de acuerdo, no debemos confiarnos –señaló Pere- Debemos ser cautelosos y no tratar de humanizarles dándoles unas características que no tienen.

-Pero seguimos sin saber qué hacer –señaló Joan- Creía que nos iba a solucionar las cosas padre pero sólo nos las ha complicado.

-Prefiero pensar que he evitado que cometan errores –respondió Xavier- Creo que el plan de subir al santuario temporalmente mientras se refuerza el pueblo es bueno. Pero yo no dejaría tampoco el pueblo desierto y sin vigilancia durante la noche… Esas criaturas no descansan ni se detienen cuando se esconde el sol.

¿Y después? –Preguntó Pere ahora mordiendo la punta del puro impaciente- ¿Nos mudamos todos o no?

Jornada 9. La Ira de Dios (98)


-No pretendía darle esa sensación –se disculpó Xavier- Lo que trato de decirle es que no conviene confiarse con los zombis. Y que al final la suerte es un factor a tener en cuenta; en este caso nuestra mala suerte y su buena suerte.

-¿Qué quiere decir? –Preguntó Joan con curiosidad.

-Que la mayor parte del tiempo los zombis tienen la ‘suerte’ a su favor –se explicó Xavier- He visto caer fortificaciones inexpugnables por el más tonto de los detalles. Levantarse lluvias en medio del desierto que impidieron dar la voz de alarma sobre la presencia de esas criaturas… No nos damos cuenta de que ya están muertos. El factor tiempo que tanto nos afecta a nosotros no existe para ellos. Son pacientes. Si un río se interpone en su camino esperan a que se seque. Si una muralla se alza ante ellos miran como el agua y los elementos la debilitan.

-Padre, con todos los respetos, me está acojonando –le interrumpió Joan- Estoy de acuerdo con Pere, parece que está sugiriendo que nos vayamos a nuestras casas y nos volemos la cabeza junto a nuestras familias.

Jornada 9. La Ira de Dios (97)


-Y sin embargo son un peligro –señaló Pere- Un peligro mundial.

-Lo mismo que un terremoto o un huracán –respondió Xavier- Pero sin embargo a esos fenómenos no les otorgamos inteligencia. Pero sí a los zombis. Y no la tienen. Simplemente vemos el cuerpo humano y pensamos que les debe de quedar algo ahí… pero no es así. Y ése es continuamente nuestro mayor error. Y en este momento el suyo.

-¿Qué quiere decir? –Preguntó Pere con interés.

-Quiere hacer una defensa contra atacantes inteligentes –señaló Xavier- Seguramente querrá poner un foso, picas, lo habitual para detener a un atacante humano racional.

El alcalde se dejó caer en su sillón mientras daba una larga calada a su puro. El jodido religioso tenía razón en su razonamiento. Varias de las cosas que había dicho formaban parte de los planes iniciales. ¿Pero cómo se pensaba de forma irracional? ¿Cómo se preparaba uno para un terremoto o un tornado? Suspiró largamente, tratando de buscar alguna solución al problema que se le presentaba. Proteger el pueblo y sus habitantes.

Meditó largamente mirando la punta del puro como si en el mismo pudiera encontrar las soluciones a sus problemas.

-Estamos condenados –dijo finalmente mirando al techo- Lo que está diciendo es que da igual lo que hagamos; esas malas bestias acabarán con nosotros.

Jornada 9. La Ira de Dios (96)


-Vivimos tiempos difíciles –intervino Xavier- No hay una solución perfecta. Así que sería mejor tratar de buscar la mejor manera de sobrevivir, día a día. El prior dice que en breve llegará al santuario ayuda militar, o al menos la Guardia Civil. Mientras tanto…

-Podríamos proteger nosotros el santuario –señaló Pere- Durante el día fortificar el pueblo y por la noche proteger el santuario. Y cuando acabemos… que cada uno decida lo que quiera hacer.

-Si me lo permite –intervino de nuevo Xavier- No le conviene poner todos los huevos en la misma cesta. Deje a un grupo permanente vigilando el santuario aunque todo el mundo decida quedarse aquí. ¿Qué pasaría si los zombis atacan el pueblo? ¿O el santuario? Su mejor opción es tener más de una posibilidad donde elegir.

-¿Qué sabe usted de los asentamientos y los zombis? –Preguntó Joan algo preocupado.

Xavier se quedó en silencio no sabiendo qué información dar. Era algo delicado. ¿Qué debía decir?

-No hay dos casos iguales –comenzó a responder finalmente- Conozco el caso de un asentamiento en un castillo en el que apenas vieron zombis durante toda la Gran Plaga. Y otro caso de una base militar que casi fue arrasada por los muertos vivientes. En África pasa lo mismo. No sabemos cómo piensan… o mejor dicho, qué mueve a los no-muertos. Puede que lo que ha pasado en el santuario sea un caso aislado. O un avance de lo que está por venir. Lo único que le puedo asegurar es que… son imprevisibles, cuando menos se les espere será cuando aparezcan. Nuestro mayor problema es que tratamos de pensar como ellos… pero es que ellos no piensan, no son inteligentes, no son racionales.

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