Jornada 9. La Ira de Dios (106)

-Son nuestros vecinos, y creo que el padre lo ha dejado claro, sólo voluntarios deberían ir –respiró hondo- Igualmente aquí debe quedarse gente para continuar la construcción de las defensas y avisar al santuario de lo que se les puede venir encima.

Todos asintieron y se miraron entre sí tratando de decidir quién iba y quién se quedaba. En unos minutos estaba decidido quién iría al pueblo vecino y quién se quedaría para dar la voz de alarma. Varios vehículos aparecieron a la puerta del pueblo y se fueron subiendo a los mismos.

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