Jornada 09. La ira de Dios (28)


Era una palabra que nunca había escuchado. ¿Qué podía significar que tanto terror infundía? Se acercó al anciano que había iniciado el fuego tratando de averiguar qué había pasado.

El anciano repitió la palabra y luego escupió en el suelo. Xavier le hizo ver que no comprendía. El hombre, ya mayor para los estándares habituales le indicó que le siguiera hasta su cabaña. Ahí preparó algo de sopa, agua caliente con raíces y alguna especia y le invitó a sentarse.

Mediante señales, algunas palabras en inglés, francés o italiano que el anciano había aprendido a lo largo de su vida trató de explicarle a Xavier lo que había pasado. Según pudo entender, un bokor, o hechicero, había despertado los cuerpos de los muertos para mandarles una maldición. Al parecer era una práctica muy común entre las distintas tribus tratar de arruinar la cosecha de los vecinos para debilitarles. Aunque mandarles unos muertos vivientes no era tan habitual, se requería unos conocimientos de vudú muy profundos y un corazón más negro que la noche sin luna. Pero si lo conseguían los mandaban contra sus enemigos, obligándoles a quemar la cosecha y a enfrentarse a los muertos. Y si además mataban a muchos hombres o hacían enfermar a la tribu mejor todavía.

Para Xavier todo aquello le parecía increíble. De tiempos medievales. ¿Cómo podía nadie alzar a los muertos y mandarles? Trató de explicarle al anciano que eso era científicamente imposible.

El anciano sonrió. Detrás de esa sonrisa y de aquellos ojos que miraban a Xavier se ocultaba una inteligencia dada por los años y por sus ancestros, que le habían pasado los secretos de la tribu y contado las historias que él ahora repetía. Tal vez en el mundo civilizado no se daban esos casos, tal vez por falta de fe en las antiguas ciencias, o tal vez porque tenían otros métodos más bárbaros para realizar sus tareas. Pero en aquellas tierras, mal que le pesara a un hombre de Dios como Xavier, había cosas que no se podían explicar científicamente.

-Dogmas de fe –dijo el anciano sonriendo mientras sorbía su cuenco de sopa.

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