Jornada 7. De policías y militares (59)


-En el castillo de Bellver –dijo Alex- El superior del policía, un comisario, les estaba escondiendo del comandante Bonet. Ahora se encuentran encerrados en la Torre del Homenaje, pero la zona es un código negro, así que o se da prisa o no tendrá el placer de matarles en persona.

-Pasaré la información enseguida –dijo Vázquez entendiendo la urgencia de la situación- Creo que el teniente querrá asegurarse en persona de que sus prisioneros están sanos y salvos.

-Pues que venga rápido y bien armado- dijo Alex- La zona está repleta de zombis y los únicos que quedan vivos están en la Torre del Homenaje. No tiene pérdida.

-Cuídate soldado –dijo Vázquez- Y a ver si podemos compartir en breve otra tortilla pero más tranquilamente y con menos urgencias.

-Sin problemas –dijo Alex apagando la radio- -Y ahora a ver qué hacemos.

-Aquí no podemos quedarnos –dijo el sargento preocupado por la cantidad de zombis que comenzaban a aparecer por todas partes. Parecía que algo les estaba atrayendo en silencio hacia ese lugar de todas partes de la ciudad.

Alex continuaba disparando ocasionalmente la ametralladora que había instalado en lo alto del humvee procurando que los zombis no les rodearan pero era cuestión de tiempo que eso ocurriera.

-¿Alguna sugerencia? –Preguntó entre ráfaga y ráfaga el policía.

-No podemos volver al castillo ni quedarnos aquí –dijo el sargento gritando para hacerse escuchar- Y tampoco podemos volver a la carretera principal. Seguramente el teniente habrá pedido ayuda al cuartel más cercano y los soldados entrarán por este camino. Y lo mejor sería no cruzarnos con ellos.

Jornada 7. De policías y militares (58)


-Necesito hablar con el soldado Vázquez, es urgente –dijo Alex después de identificarse al operador de radio- Tengo una información que puede interesarle.

Al cabo de unos minutos la inconfundible voz de Vázquez se escuchó a través de la radio.

-A ver, qué pasa ahora, ¿me vas a decir quién ganará la liga de fútbol o qué?

-Tengo información sobre tu amigo el sargento y su localización –dijo Alex rápidamente- Puede que esa información crucial interese a tu teniente Ibáñez, es urgente que se la des.

Vázquez se quedo en silencio durante unos segundos.

-¿Y tú eras? –Preguntó Vázquez.

-Coño, tu compañero de promoción Castillo –dijo Alex tratando de que no se notara su sonrisa- Que la última vez que nos vimos te hice una tortilla de patatas que estaba de muerte.

-A ver si lo tengo claro, quieres que le diga al teniente Ibáñez dónde están los fugitivos… y tu información es fiable.

-Muy fiable –dijo Alex- Les he visto hace unos minutos. Pero sería mejor que el teniente se movilizara rápidamente no sea que pierda a sus piezas.

-Entendido –dijo Vázquez pareciendo comenzar a comprender- ¿Y dónde están esos asquerosos traidores de la noble nación española?

Jornada 7. De policías y militares (57)


Habían cumplido con su misión pero… ¿y ahora qué? Aquellos zombis eran un peligro. Mientras Alex vigilaba y disparaba de vez en cuando entre los árboles a los zombis que se acercaban el sargento volvía por el camino que habían cogido antes. La zona se estaba llenando de muertos vivientes y debían retroceder antes de ser rodeados.

-¿Y ahora qué? –Preguntó el sargento mientras conducía el vehículo.

-Debemos salvar a los supervivientes como sea –dijo Alex girando la ametralladora circularmente- Debemos pedir ayuda al ejército para que limpie la zona.

-Puedes esperar sentado –dijo el sargento- Ya has visto lo que ha hecho Bonet cuando las cosas se han puesto feas.

-Deberemos ofrecerles un objetivo para que vengan –dijo Alex disparando otra ráfaga.

-Pues como no llames a Ibáñez para decirle dónde estamos me parece a mí que… -el sargento se quedó en silencio- No, no has escuchado lo que he dicho.

-Sí, lo he escuchado –dijo Alex- Y podría funcionar. Claro que no podemos llamarle directamente… debemos ser sutiles… Hacerle creer que le estaremos esperando sentados.

-Vázquez –dijo de repente el sargento- Si alguien puede convencer a Ibáñez de que venga es él. Y con suerte mandará también tropas de aquí al lado.

Alex sintonizó de nuevo la radio y se puso a hablar a través de la misma.

Jornada 7. De policías y militares (56)


Los zombis invadían completamente todo el terreno que podían ver y pasaban por su lado sin hacerles caso, todos parecían tener el mismo objetivo: entrar en el castillo, y se apelotonaban para hacerlo.

Alex miró a la zona superior del castillo. Conocía la zona y recordaba que los muros de separación entre el techo y el aire apenas eran de medio metro y podía ver ya a los primeros zombis pasearse por ahí arriba. El panorama era más que preocupante, ya apenas escuchaba disparos y no veía nada que pareciera vivo por ahí arriba.

-Comisario, ¿cómo va la evacuación? –Preguntó a través de la radio.

-Nos hemos encerrado en la Torre del Homenaje y hemos fortalecido la puerta, pero no sé cuánto aguantará. Todo aquel que he podido arrastrar y sigue vivo está aquí.

Alex miró por encima. La Torre del Homenaje era un objeto cilíndrico separado físicamente del cuerpo del castillo y que en la antigüedad se solía usar como zona de calabozos por lo que sólo había una entrada/salida a la que se llegaba a través de una pasarela de piedra que conectaba ambas zonas. Y ahora era su tarea impedir que los zombis entraran en la torre donde se refugiaban los supervivientes.

-¿Preparado sargento? –Preguntó Alex metiéndose en el vehículo- Es hora para los fuegos artificiales. Y como esperemos demasiado van a darse cuenta de que estamos aquí.

El sargento sonrió mientras cogía un cilindro que Alex le había pasado. Abrió la puerta del humvee después de comprobar de que no había peligro y mientras el policía vigilaba con la ametralladora quitó varios seguros y alargó el cilindro.

-Avisa a tus amigos de que se tapen los oídos –avisó el sargento mientras encendía el aparato, uno de esos modernos lanzacohetes que, en teoría, eran tan simples de usar como apuntar y disparar.

-Comisario, aléjense de las ventanas y la puerta… por si acaso –Luego miró al sargento mientras sonreía- Siempre he querido decir esto. ¡Fuego en el agujero!

No había acabado la frase que el mortífero cohete salió del cilindro disparado. La luz de la propulsión iluminó levemente el camino nocturno y en unos segundos una explosión destrozaba el puente que unía la Torre del Homenaje con el castillo dejando a los defensores aislados de sus atacantes… pero también de la libertad. Ahora no podrían entrar los zombis, pero tampoco podrían salir los vivos… salvo que se descolgaran con sogas.

-Espero que no me pasen la factura –sonrió el sargento mientras entraba en el humvee y alejaba el vehículo rápidamente. Los zombis habían notado la actividad y comenzaban a interesarse por los recién llegados. Alex tuvo que disparar un par de ráfagas para limpiar la zona y que el sargento pudiera maniobrar.

Jornada 7. De policías y militares (55)


La radio cobró vida y la voz entrecortada del comisario se escuchó a través de la misma.

-Los zombis han entrado al interior del castillo –estaba diciendo- Esto es una puta masacre. Ya han llenado completamente el patio interior y están comenzando a invadir el primer piso .No podremos detenerles.

-¡Comisario! –gritó Alex a través de la radio- ¿Qué ha pasado? ¿Pueden huir? ¿Cómo podemos ayudar?

-El rastrillo se ha subido de repente y en un abrir y cerrar de ojos los zombis que habían estado esperando han entrado en masa arrasando con todo y todos. Estamos resistiendo, pero no podemos escapar, estamos completamente rodeados. Creo que tu hermano ha conseguido ponerse a salvo si eso sirve de algo.

-Hemos visto vehículos salir del castillo.

-Eso explicaría por qué no hay rastro de Bonet y sus hombres –respondió el comisario- Vete a proteger a tu hermano. Aquí no hay nada que puedas hacer. Estamos muertos.

La mente de Alex no podía darse por vencida y trataba de encontrar una salida a aquella trampa mortal que era el castillo. Finalmente los ojos se le iluminaron.

-La Torre del homenaje –dijo gritando por el micrófono- Está en lo más alto, aislada del resto del edificio, y sólo tiene una entrada o salida. Seguro que deben de haber suministros en la misma. Diríjanse todos a esa zona y luego vuelen el puente.

-¿Con qué coño quieres que volemos nada? –Preguntó el comisario mientras comenzaba a gritar órdenes a su alrededor- Si apenas podíamos conservar nuestras armas.

Alex miró a su alrededor en el interior del humve… debía haber algo, comenzó a abrir cajas.

-Bendito seas Vázquez por lo cabrón que eres –Dijo mientras abría una caja- Diríjanse a la Torre comisario y déjeme el resto a mí. Eso sí, cierre la puerta y tápese los oídos.

El sargento giro la cabeza para ver lo que había encontrado el policía y silbó al verlo mientras sonreía.

-¿Sabrás usar uno de esos? –Preguntó concierto sarcasmo en su voz.

-No –respondió el policía desempaquetando el contenido- Pero conozco a un sargento que seguro que sabe usarlo con las manos atadas y los ojos cerrados.

-De acuerdo, pues vamos a matar a unos cuantos zombis –dijo el sargento mientras volvía a poner en marcha el vehículo y lo conducía hacia lo alto de la montaña.

Siguieron la carretera en silencio y a oscuras. A lo lejos podían seguir escuchando los disparos aislados de los defensores del castillo. En un minuto se encontraban viendo la carretera principal que llevaba a la fortaleza. Y el panorama era todavía peor de lo que podían haberse imaginado.

Jornada 7. De policías y militares (54)


No necesitaron intercambiar palabras, cogieron lo poco que tenían en la casa y se dirigieron rápidamente hacia el humvee. Alex abrió el techo del vehículo y comenzó a instalar la ametralladora mientras el sargento se ponía en marcha y guiaba el todoterreno a través del puente y de la entrada al bosque con las luces encendidas para iluminar todo el camino.

Era un riesgo ir tan iluminado pero mayor era el riesgo de chocar contra un árbol o contra algún maldito zombi. Alex terminó de preparar la ametralladora mientras se calzaba el casco militar.

-¿Seguimos con las luces o pasamos a visión nocturna? –Preguntó el policía agachándose en el interior del vehículo para que el sargento le escuchara con claridad.

-Por ahora luces, iremos más rápidos –respondió el sargento sin apartar la vista del camino.

Alex activó la radio y trató de ponerse en contacto con el comisario, pero no recibió respuesta alguna. ¿Qué habría pasado? ¿Seguiría vivo su hermano? ¿Y el comisario? Jodida suerte mallorquina.

Llegaron al camino que llevaba a varios puntos de la montaña: Al pie del castillo, a la zona recreativa y a un torrente que también servía como pista de salida de la zona. El sargento apagó las luces y activó su visor nocturno. En unos segundos podía ver a su alrededor relativamente bien pero con un ángulo de visión bastante limitado.

-Sigue tratando de contactar con el castillo –dijo el sargento mientras continuaba mirando a su alrededor preocupado- No quiero avanzar más sin saber qué podemos encontrarnos.

Alex trató de contactar con el castillo pero lo único que recibía era estática. A lo lejos, a su derecha pudo observar luces alejándose por lo que parecía ser el torrente que había mencionado el sargento. Le tocó el hombro y las señaló.

-Parece que alguien ha optado por huir –respondió el militar- Esperemos que fueran los civiles… claro que en teoría ellos no deberían saber de la existencia de ese camino.

Los disparos se continuaban escuchando ahora más cerca. Aunque cada vez eran más espaciados.

-Tenemos que hacer algo –dijo Alex agarrando con fuerza la ametralladora con sus manos- No podemos quedarnos aquí mientras se produce una matanza en el castillo.

-No podemos entrar a ciegas –contestó el militar- imagina que de repente nos encontramos rodeados de zombis. Este vehículo no tiene la movilidad para ayudarnos a escapar en ese caso. Estaremos muertos y no serviremos de ninguna ayuda.

Jornada 7. De policías y militares (53)


-Nada del otro mundo. Un día me enteré que había una casa de citas que no tenía los papeles en regla; los dueños, por llamarles de alguna manera, obligaban a las chicas a prostituirse bajo falsas problemas de dinero, libertad, una vida mejor para ellas y sus familias… bueno, qué no sabrás. El caso es que no condono esas cosas. Sí, estoy a favor de la prostitución; qué diablos, ¿acaso los deportistas de élite no venden sus cuerpos para ganar dinero? Pues no sé porqué siempre se están metiendo con las pobres mujeres que han decidido libremente practicar esa profesión, que algunos lo agradecemos la verdad. La cuestión es que… la esclavitud… por ahí no paso. Así que cogí a Vázquez, Escobar y otros soldados de confianza y nos dimos un salto al lugar en cuestión para hablar con los dueños y hacerles entrar en razón.

-Espera un segundo –le interrumpió el policía- ¿Tú eras ese sargento que media dos metros y medio, unos brazos tan anchos como bolos y unos sirvientes que respiraban fuego? Joder… si se habló durante meses de ese caso en la comisaría. Unos soldados que habían arrasado un prostíbulo ilegal mandando al hospital a los dueños y liberando a las mujeres de su cautiverio… La verdad es que escuché de todo sobre ese caso. Algunos estaban de acuerdo con vuestras acciones, otros os consideraban terroristas, y, como era de esperar, estaban los que defendían a esos cabrones diciendo que las mujeres se lo habían buscado. Nadie quiso testificar y cuando los proxenetas estuvieron en píe salieron por patas… aterrorizados y sin querer prestar declaración.

¿Crees que no hice bien? –Preguntó el sargento que había comenzado a montar su arma con los ojos cerrados.

-Y yo qué sé –dijo Alex sin querer responder claramente- Si a ti te pareció lo correcto, pues mira… Nadie murió e hiciste un favor a esas mujeres, quién soy yo para decir si era lo que había que hacer o no.

No había acabado la frase cuando comenzaron a escuchar explosiones a lo lejos. El inconfundible ruido de disparos. Ambos se levantaron automáticamente como un resorte y se dirigieron a la ventana más cercana mientras apagaban cualquier foco de luz del interior para no dar a conocer su localización.

A lo lejos, en el castillo se veían destellos inequívocos de disparos acompañados del sonido de las armas. Algo estaba pasando. Y no era nada bueno.

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