Jornada 05. Cabalgata de muertos II (6)


Hotel Isla del Apocalipsis
Carlos miró de reojo una vez más la pantalla. Todo estaba normal. La pantalla en cuestión era un monitor de 28 pulgadas que mostraba un mapa de Palma con diversos puntos parpadeando, todos en verde. Los puntos representaban los distintos grupos que tenía el hotel por la ciudad. Si se pasaba el ratón sobre los puntos se obtenía diversa información sobre el grupo: Miembros de seguridad, nombres de los clientes, coordenadas GPS de cada componente del grupo… Mientras los puntos estuvieran en verde todo iba bien.

Volvió su atención de nuevo al otro monitor que tenía delante y a los papeles que le rodeaban. Eran reservas de clientes. El problema de tener un departamento de seguridad eficiente era que se corría la voz y de repente todo el mundo quería ser protegido de los zombis por alguno de sus equipos. Y el hotel se estaba haciendo de oro. El problema era que no daban abasto. Apenas habían comenzado enero y ya estaba preparando las rotaciones para febrero en base a las reservas que tenían… y eran muchas. Tendría que hablar de nuevo con Pep, el director del hotel, para que le permitiera contratar más personal… claro que el problema era encontrar gente. ¿Localizar gente? Ningún problema. Encontrar gente que estuviera dispuesta a morir por salvar la vida de sus clientes, que no saliera corriendo al mínimo problema, que estuviera debidamente entrenada… ésa era otra historia. Y muy complicada. Había conseguido ir reuniendo a los actuales componentes de su departamento poco a poco, robándolos de otras empresas con todos los trucos sucios que se le había ocurrido, pero encontrar buen material en aquella isla era complicado. Y no se manejaba tan bien en el mercado peninsular.

Alguien tocó la puerta de su despacho. Carlos alzó la mirada para ver quién era. A través de las vidrieras de cristal vio esperando al jefe, Pep. Debía ser adivino o algo así. Le indicó que pasara y le invitó a sentarse. Pep sonrió y se quedó en píe.

-Ya paso demasiado tiempo sentado –adujo como excusa mientras se paseaba por el pequeño despacho de Carlos . ¿Alguna novedad?

-¿Sabes que existen unas cosas llamadas teléfonos, verdad? –Le preguntó a su vez Carlos-. Sirven para que no tengas que desplazarte y poder hablar con la gente a distancia. Es algo milagroso. Como las palomas mensajeras pero instantáneas.

-No has respondido a mi pregunta –señaló Pep que parecía algo nervioso-. ¿Hay algún problema?

Carlos no pudo evitar sonreír.

-Todo va perfectamente –dijo Carlos sin quitarse la sonrisa de la cara. Giró el monitor grande desde el que controlaba a los equipos- ¿Ves? Todo en verde. No hay problemas. Y también podías verlo desde tu despacho.

-Posiblemente –dijo Pep quitándole importancia al asunto-. Pero quería escucharlo de tu boca. Desde que he escuchado lo de los fugados… al principio no le he dado mayor importancia. Quiero decir, zombis, eso si son problemas, pero unos cuantos fugados… peor luego le he seguido dando vueltas al asunto. Y ahora ando preocupado. No es lo mismo un zombi que un humano inteligente. Éstos pueden manejar armas, conducir, secuestrar a gente… nuestros clientes, por ejemplo. Y ahora no puedo quitármelo de la cabeza.

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