Jornada 04. Cabalgata de muertos (20)


El sargento se quedó durante unos segundos parado sin creerse lo que acababa de escuchar. Pero inmediatamente se volvió a poner a la altura de su superior.

-Señor, no podemos quedarnos sin hacer nada –casi rogó el sargento pensando en lo que podía pasar si dejaban a esa jauría de no-muertos sueltos por la ciudad- Debemos impedir que continúen adelante. Tenemos que detenerles.

Esta vez fue el capitán el que se paró y se quedó quieto.

-Sargento –dijo haciendo hincapié en el grado del soldado-. Usted no da órdenes, sólo las recibe. Su deber es cumplirlas. Es natural que no entienda lo que significa dar órdenes que puedan parecer complicadas. Pero hay un motivo para esas órdenes. Y si el Estado Mayor considera que usted no debe saberlo pues es libre de no informarle. Ahora sea un buen soldado y cumpla las órdenes.

-No señor –dijo tajante el sargento-. Con el debido respeto, esa orden es ilegal e inmoral y no estoy dispuesto a cumplirla. Debemos proteger a la población, no hacer experimentos. A saber cuántos muertos ha causado ya nuestro retraso. ¿Cómo es que tenemos la calle llena de zombis con trajes de presidiarios y funcionarios de prisiones? Eso no es una marcha zombi. Es un código negro.

El capitán Ibáñez agarró la radio del sargento ante la sorpresa de éste. Luego la activó.

-Soy el capitán Ibáñez. Necesito un grupo de policías militares en la entrada de la base.

Al cabo de menos de un minuto un grupo de cinco policías militares llegaban a la posición en la que estaba el capitán y el sargento ante la mirada curiosa de diversos soldados que se habían ido acercando al ver que algo estaba pasando. Junto a ellos se encontraba Castillo y el novato que también se acercaron para saber qué estaba pasando.

-¿Se niega a cumplir las órdenes? –Preguntó de nuevo el capitán Ibáñez.

-Me niego a cumplir esas órdenes señor –se ratificó el sargento-. No podemos dejar la ciudad indefensa.

-De acuerdo –dijo el capitán Ibáñez casi sonriendo- Arresten a este soldado por insubordinación.

Tanto los soldados como los PM se quedaron unos instantes parados ante la orden. Uno de los PM se adelantó del resto.

-Capitán, ¿está seguro? –Preguntó el PM estudiando al fornido sargento- ¿Justo antes de entrar en combate?

El capitán comenzó a golpear el suelo con la planta del píe y cogió fuertemente la radio.

-Soy el capitán Ibáñez. Siguiendo instrucciones del Estado Mayor cesarán en sus preparativos de combate. Las órdenes son no interferir en la marcha zombie por lo que deben parar toda actividad que pueda causar motivos para llamar la atención. Los soldados se retirarán de las fachadas y de la vista de la gente. Los motores de los vehículos se pararán. La base pasa a estar en silencio absoluto hasta nueva orden.

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