Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (21)


El día había amanecido nublado, como el estado de ánimo de Mara, y el aire traía olor de lluvia. Y seguía sin haber ni rastro del científico loco. Una vez más se preguntó si valía la pena todo aquel sacrificio. A lo mejor el buen doctor al enterarse que ella estaba en la isla, algo que no dudaba que había llegado a sus oídos, había recapacitado y abandonado su proyecto. A lo mejor por una vez tendría suerte.

Se acercaba la noche de Reyes, y decidió que ese día era tan bueno como otro cualquiera para poner un límite a su estupidez. Si para ese día no había habido noticias de Doc dejaría la vigilancia y la isla. Y se iría a climas más cálidos y menos húmedos.

Una gota cayó sobre su cuello y blasfemó durante unos minutos mientras se preparaba para la lluvia sin tener que abandonar su vigilancia. Era algo estúpido pero… ¿y sí casualmente Doc aparecía en cubierta para ver llover? A lo mejor la lluvia era un componente crítico para sus experimentos… o una dificultad. Lo que fuera daba igual. Debía estar atenta al portaaviones y no perderlo de vista.

Observó cómo la cubierta del portaaviones se llenaba de actividad mientras la tripulación se preparaba para la lluvia. Siempre resultaba peligrosa una tormenta en una aeronave y no era cuestión de dejar sueltos los aviones o los helicópteros… o su armamento. Comenzaron a asegurar los aviones que había en la cubierta y a bajar los helicópteros mientras comprobaban también que los cables de sujeción de la cubierta estuvieran sujetos correctamente y que las redes de seguridad estuvieran puestas y sin problemas.

Todo muy profesional. Y fue entonces cuando notó que había más actividad de la normal en la cubierta de aterrizaje. No sólo por la llegada de la lluvia. Parecían estar preparándose para algo. ¿Habría comenzado la operación de la que Gerald le había hablado? No, el movimiento no parecía ir encaminado hacia eso. Miró el horizonte a su alrededor y no detectó nada extraño. Claro que el horizonte estaba muy cercano por las nubes grises y la visibilidad era muy limitada.

Pero parecían estar esperando a algo. Los rayos comenzaron a caer sobre el mar y la lluvia empezó a caer de forma fuerte y continua de manera que cada vez era más difícil no perder visualmente el contacto con el portaaviones. Y para colmo comenzaba a levantarse un viento frío que la estaba dejando helada. A ese paso acabría cogiendo un buen constipado.

Entre el ruido de los truenos y el silbido del viento comenzó a llegarle otro ruido. El de un motor bastante potente. Pero sonaba por todas partes y no tenía manera de saber de dónde procedía realmente. Continuó agachada esperando acontecimientos cuando un helicóptero pasó por encima de su posición casi rozando las puntas de los árboles. Mara se alarmó pensando que la habrían descubierto y se preparó para huir.

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