Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (9)


El padre Xavier no se podía creer las palabras que salían de la boca del obispo. La Iglesia era claramente contraria a ciertos avances científicos, pero usar el término impuro…

-¿A qué se refiere exactamente? –preguntó con cierto tacto sin querer entrar en polémicas.

-No a lo que usted piensa –dijo el obispo pareciendo leer las dudas de su colega- Al parecer están usando a los convictos como ratas de laboratorio… y a los zombis… Los sacerdotes encargados de visitar a los presos han visto y escuchado cosas alarmantes… pero nadie quiere reconocer nada, cada vez que trato de averiguar algo me encuentro con un muro… Y ya me han avisado sutilmente de que mejor que deje de hacer preguntas.

Xavier posó su mirada sobre el bello rosetón. La naturaleza humana era así de cruel, había personas que con la excusa de la ciencia cometían auténticas barbaridades, claro que ellos tampoco estaban libres de pecado en esos temas, pero aún así, no había excusa.

-Tal vez pueda averiguar algo sobre el tema –dijo Xavier finalmente-. Pero no espere que si hay algo de cierto en sus sospechas el tema salga a la luz. Los medios de comunicación están también muy vigilados.

-Si podemos parar lo que esté pasando, sea lo que sea… -respondió el obispo dejando la frase sin acabar.

El padre Xavier asintió pensativo. No esperaba que la reunión hubiera transcurrido por aquellos cauces, pero eso era parte de la maravillosa que era la vida humana, las sorpresas que siempre había detrás de cada esquina.

-Creo que será mejor que nos despidamos –dijo el padre Xavier levantando la mano para dársela al obispo-. Si consigo averiguar algo más trataré de informarle, aunque supongo que a partir de ahora comunicarme con usted no será tan sencillo.

El obispo sonrió y le tendió la mano junto a una tarjeta.

-Si necesita comunicarse conmigo puede hacerlo llamando a este número –dijo mientras le entregaba la tarjeta sutilmente-. La Iglesia no es contraria al uso de los móviles… mientras no sea en medio del oficio o mientras estemos realizando nuestras funciones.

El padre Xavier cogió rápidamente la tarjeta y la guardó en un bolsillo.

-¿Qué hubiera pasado si esto hubiera sido una trampa? –preguntó el obispo antes de dejar irse al sacerdote.

-Me temo que esta hermosa catedral hubiera tenido el plomo como nuevo componente decorativo –dijo a su vez sonriendo y dándose una palmada en la parte trasera de su espalda-. Aunque mi intención hubiera sido disparar a matar por supuesto.

El obispo asintió y se quedó pensativo mientras veía marcharse a su colega de religión. ¿Qué hubiera pasado si cómo él había propuesto se hubieran colocado arcos de metal para impedir a los fieles entrar armados? Había defendido ante sus superiores que era importante dar la sensación de seguridad dentro de esos muros, y que eso no se conseguía permitiendo que la gente entrara armada. Pero la cúpula eclesiástica le había negado la petición argumentando que no era tarea suya dar clases de civismo a los fieles.

Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (8)


El padre Xavier se removió nervioso ante el comentario. Los rumores que llegaban de los países del Este no eran nada buenos, y la religión no era precisamente algo que los comunistas defendieran, más bien los practicantes de cualquier religión eran perseguidos impunemente y solían desaparecer sin dejar rastro… salvo que se usaran como ejemplo… y las imágenes que había visto eran realmente atroces. Ni los zombis resultaban tan crueles, claro que los zombis no solían mostrar creatividad alguna.

Otro grupo de turistas se acercaba y el obispo Pons comenzó a hablarle de nuevo de la historia de la catedral.

-El rosetón principal también fue diseñado por Gaudí –dijo señalando el enorme círculo formado por cristales que estaba encima del altar central, el cual no se encontraba en su sitio característico, a los píes del edificio-. Mide casi 14 metros de diámetro y está formado por 1.236 cristales que dibujan la estrella de David. Y por cierto, es el mayor rosetón que existe en el mundo.

Eso último lo dijo con algo de admiración y orgullo.

-Bueno, de su estilo gótico –le aclaró como sin darle importancia al detalle-. Además, el rosetón es mágico, dos veces al año dibuja su figura en la fachada de enfrente justo debajo del otro rosetón, de manera que llegan a formar un ocho y podemos disfrutar de dos rosetones, uno de cristal y otro de luz. Es algo que nunca me cansaré de ver si le digo la verdad.

Xavier no entendía a qué se refería exactamente monseñor.

-¿Qué tiene de extraño que pase la luz por un rosetón? –preguntó algo extrañado.

El obispo sonrió.

-Ahora mismo, usted sólo ve luz –dijo señalando los rayos que entraban por el rosetón y que iluminaba casi toda la nave de la catedral-, pero dos veces al año, el rosetón se proyecta a sí mismo. Se dibuja en la otra fachada.

Señaló al rosetón más pequeño que tenían en frente.

-Casi se podría decir que se traslada debajo de su hermano pequeño. Lo cierto es que es difícil de explicar, si lo viera lo entendería… supongo que es una cuestión de fe hasta entonces –dijo sonriendo.

Xavier siguió con la mirada el grupo de turistas que se alejaba.

-La verdad es que aprecio sus lecciones de historia –dijo el sacerdote con algo de ironía en su tono de voz-. Aunque aprecio más su apoyo a la causa. Si hay algo que pueda hacer sólo tiene que pedírmelo y haré lo que esté en mi mano.

El obispo sonrió amablemente.

-Bueno… ahora que lo dice… -monseñor pareció algo dubitativo-. Me han llegado ciertos rumores de que en la cárcel… bueno… al parecer se están realizando experimentos impuros.

Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (7)


El padre Xavier asintió. La mayoría de religiosos católicos no tenían motivos para dudar de la veracidad de las acusaciones eclesiásticas, ¿por qué iban a tenerlas? Eran los representantes de Dios.

-Bueno, como le decía –siguió el obispo-. Yo era de los creyentes hasta… hace relativamente poco. Como ya sabrá el obispo de esta diócesis murió hace relativamente poco y yo fui su sustituto. Algo raro dado que le atendí en su lecho de muerte y yo ya estaba destinado a esta diócesis también. Pero bueno… la cuestión es que el obispo en su lecho de muerte pidió el sacramento de la extremaunción y se confesó por última vez conmigo.

Xavier abrió los ojos imaginando lo que eso implicaba.

-Como puede suponer –continuó hablando el obispo-, no le revelaré lo que me contó mi antecesor en su lecho de muerte pero baste decir que mi opinión cambió mucho. Y decidí que tal vez yo también debería dar un paso al frente… de forma anónima y tratar de ser más prolífico.

El sacerdote asintió sin querer interrumpir a su compañero religioso.

-Por supuesto no puedo revelar lo que sé al público por motivos obvios –le explicó el obispo refiriéndose al secreto de confesión-, pero creo que podremos encontrar algún modo de… ayudarnos. Aunque no puedo garantizarle demasiado. Todo este asunto de los zombies nos ha afectado a todos, incluyendo a los representantes de Dios en la Tierra. Algunos piensan que todo esto es una señal del Apocalipsis y que los zombies son enviados divinos que traen el mensaje de destrucción del Señor.

Xavier torció el gesto. Había visto en acción a esos extremistas católicos que mataban en nombre de Dios y defendían la idea de que los no-muertos en realidad eran ángeles en una retorcida interpretación de que no eran humanos ni tenían un sexo… activo. Usaban a los zombies como tropas para matar a la gente para… ayudarles en estos momentos finales de la humanidad.

-Lo único que le puedo garantizar es un refugio, aunque no muy seguro la verdad –se disculpó el obispo-, e información que le puede ser de utilidad de vez en cuando. Quién sabe, a lo mejor entre usted desde fuera y yo desde dentro podemos recuperar la verdadera esencia de la Iglesia y acabar con esta locura.

-Monseñor, su apoyo es… un rayo de luz –dijo sinceramente Xavier-. La verdad es que esta… lucha está siendo muy dura; no tanto a nivel físico como el mental. Ver las injusticias que se están cometiendo en nombre de Dios… me hace hervir la sangre, la mayoría del tiempo me siento inservible.

-Podría ser peor –dijo el obispo tratando de hacer relajar al otro sacerdote–. Podría estar detrás del Telón de Acero.

Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (6)


(Volvemos a nuestra programación habitual. Gracias por su paciencia y comprensión)
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Xavier se sorprendió al observar al obispo vestido de calle. Cuando reaccionó ante su presencia lo primero que hizo automáticamente fue buscar con la mirada el anillo del obispo para besarlo y cuando comenzó a hacer el gesto el otro sacerdote le paró con su brazo en un gesto claro.

-Se supone que si voy vestido así es para pasar desapercibido –dijo el obispo mientras miraba a su alrededor esperando que nadie se hubiera dado cuenta de la escena-. Como comprenderá no sería adecuado que el obispo de Mallorca fuera visto en compañía de… un rebelde.

El padre Xavier asintió. Entendía el concepto del anonimato mejor que nadie, y no sólo por sus últimos años fuera de la ley, en su juventud ya se había visto obligado a desaparecer y mirar por encima del hombro.

-Veo que ha venido solo –dijo el obispo mirando a su alrededor de nuevo y buscando algo sospechoso-. Lo cierto es que es algo que me sorprende. No esperaba que fuera tan… inocente; y menos desde que corren los rumores de que ni la Iglesia respeta el suelo sagrado.

Xavier se irguió incómodo. El obispo, viendo su cambio de actitud sonrió amablemente.

-Tranquilo, si le quisiera muerto o encarcelado no estaríamos teniendo esta conversación.

Luego bajó la cabeza mirando al suelo de la catedral.

-Corren tiempos difíciles para todos –dijo finalmente alzando la mirada de nuevo y posándola en Xavier. Vio que un grupo de turistas se acercaba y abrió un libro que tenía consigo.

>>Como ya le he dicho, el baldaquino es una especie de milagro que tiene detrás suya una historia curiosa –dijo mientras seguía con la mirada a los turistas-. En realidad sólo es un modelo realizado con cartón, madera, corcho y cordeles del que tenía que realizarse, el original nunca se construyó por problemas monetarios. Este modelo tenía que ser presentado en su lugar temporalmente a la espera de la construcción del original, pero se encontraron con el problema de que era… demasiado pesado, así que imagínese como debería pesar el original de haberse construido, y esto el día antes. Gaudí se rindió después de la octava prueba y se fue a dormir, pero su ayudante no se rindió y durante la noche pidió ayuda a unos amigos que conocía y que sabía que disponían de un cable lo suficientemente fuerte… y el resto es historia.

>> Desde 1912 que se mantiene ahí colgando. No se sabe cómo. Pero ahí sigue. Colgando en el vacío.

El grupo de turistas se alejó después de fotografiar y filmar el curioso artefacto.

-¿De qué quería hablar conmigo? –preguntó el padre Xavier yendo al grano–. Ya sabe que el Papa en persona me excomulgó.

-Creo recordar a alguien diciendo que sólo Dios tenía la autoridad moral para descomulgarle –le recordó el obispo sonriendo levemente-. Y no oculto que era una de las personas que creía en la información que la Iglesia había divulgado sobre usted. Al fin y al cabo, como entenderá, no tenía motivos para dudar de ellos.

Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (5)


Interludio (La acción tiene lugar durante los eventos de la novela ya publicada ‘Apocalipsis Island’, con la isla infectada por zombies y las comunicaciones con el exterior cortadas).
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(Nota del autor: Esperamos que nos perdonéis esta pequeña licencia escrita con todo el respeto y rigurosidad que este blog se merece)
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Gerald entró corriendo en el despacho de Pep sin tocar la puerta ni nada, completamente excitado y sin aliento.

Pep levantó la vista de los papeles que habían desperdigados por la mesa. Las cuentas no eran buenas, y no le acababan de salir. Aunque las previsiones iniciales habían sido generosas lo cierto es que ni él esperaba tener que pasar tanto tiempo encerrado y las provisiones comenzaban a bajar hasta un nivel alarmante.

-Entiendo que eres socio capitalista, y que te debo mucho pero… ¿no podrías llamar a la puerta al menos? –le riño Pep dejando a un lado los papeles.

-Enhorabuena hombre, que habéis ganado el Mundial.

Pep se le quedó mirando sin saber de qué hablaba Gerald.

-El mundial… ¿me he perdido algo? -preguntó Pep confuso.

-Joder… el mundial de fútbol –le aclaró Gerald-. Que habéis ganado el Mundial de fútbol tío.

Pep pareció recordar.

-Entiendo que quieras alegrar a la gente con tu actitud pero… ¿Ir diciendo que España ha ganado el Mundial de fútbol? Me parece cruel, incluso para ti.

-Que no, que es en serio –insistió Gerald–. Lo tengo descargado en alta definición y todo por si quieres verlo. Habéis ganado a Holanda después de ganar a la Alemania Federal.

Pep no se lo podía creer. ¿Podría ser cierto? ¿España finalmente campeona del mundo?

-Y lo tienes… descargado… lo podemos ver… -dijo pensativo.

Gerald asintió enérgicamente con la cabeza.

-¿En todo el hotel? –preguntó Pep de nuevo mientras una idea se comenzaba a formar en su cabeza.

Gerald volvió a asentir.

-¿Y podríamos… transmitirlo al resto de la isla? –volvió a preguntar Pep.

Gerald se quedó un momento pensativo.

-Suponiendo que la gente tenga conectada la televisión o la radio a la señal de emergencia… sí, seguramente –dijo mientras hacía cálculos en su cabeza-. Claro que podría ser que los militares se cabrearan y nos bombardearan.

Pep se recostó en su sillón de ejecutivo mientras sopesaba las posibilidades. Tras unos momentos tomó su decisión.

-Creo que vale la pena el riesgo –dijo sonriendo-. Haz los preparativos. ¿Lo podrás tener listo para las cuatro?

Gerald hizo más cálculos mentales y asintió con la cabeza. Sin dejar que Pep dijera nada más salió corriendo por la puerta tal y cómo había entrado.

Pep respiró hondo antes de activar el interfono.

-Queridos clientes, empleados, amigos y refugiados me complace poder informarles que a las cuatro de la tarde podrán disfrutar por todas las televisiones del recinto de la final de la Copa del Mundo que este año se celebraba en Moscú. Dicha final se disputó entre los equipos de Holanda, perdón, Países Bajos, y… -hizo una pequeña pausa como temiendo que nadie le creyera-… y España.

A través de la puerta pudo escuchar diversos gritos de júbilo y algarabía.

A las cuatro todo estaba preparado y comenzó la transmisión. Pep bajó a la sala de juegos que era dónde estaba la pantalla más grande del recinto; como era de esperar estaba llena a rebosar. Era delicioso ver cómo la gente disfrutaba con el encuentro, que después de todo ese tiempo se atisbara un brillo de esperanza en esa gente que tan mal lo había pasado. Tal vez eso era lo que necesitaran, una señal de que todo se iba a arreglar.

Pep se indignó al igual que casi todos los clientes con las brutales entradas que realizaban los jugadores holandeses ante la bendición del árbitro, un inglés exiliado a Nueva Zelanda… qué se podía esperar de un país que usaba criminales como colonos.

La tensión se iba mascando a medida que el encuentro avanzaba y ninguno de los dos equipos conseguía meter la dichosa pelotita entre los tres palos. A pesar de saber el resultado Pep no podía evitar gritar las ocasiones españolas y temblar ante el peligro de los delanteros de la Orange.

Al acabar los noventa minutos el marcador reflejaba un empate a cero que hacía que ambos equipos tuvieran que jugarse la Copa en la prórroga… o ir a los penaltis. Lástima que no estuviera jugando con la rojigualda aquel cubano nacionalizado español que recientemente había fichado el Mallorca; con él jugando y conforme había transcurrido el partido, seguramente habrían destrozado el mediocampo holandés en todos los sentidos.

Los clientes estaban en tensión gritando a la pantalla como si estuvieran en el campo y los jugadores pudieran escucharles. Daba igual que el encuentro fuera en diferido. Pep se incorporó de la pared en la que estaba recostado y salió de la sala. Faltaba poco para que acabara el partido y parecía que todo se decidiría desde el punto fatídico. Pep decidió salir a una terraza que daba al mar desde la que podía ver la costa mallorquina. El sol pegaba fuerte y usó la mano como visera. Fue entonces cuando un grito desgarrador inundó toda la ciudad, y no únicamente el hotel –efectivamente, como sospechaba, había más de uno que manteniendo la esperanza de que las cosas se normalizaran, tenía el aparato de televisión encendido. Entró rápidamente y se acercó a la primera pantalla que tuvo a mano. España había marcado a falta de dos minutos para el final. Sonrió. Y vio la alegría en la gente que se abrazaba, saltaba, se besaban, lloraban… la tensión de los últimos meses había sido tremenda y ese gol, ese gol había provocado que todo eso saliera ahora…

Pep siguió los siguientes minutos con menos tensión. Se sabía ganador… claro que todavía podían hacer la gracia de empatar el partido pero… cinco minutos después todo había acabado. España era campeona del mundo por primera vez en su historia. Vio cómo el presidente de la FIFA acompañado del premier ruso, Putin, entregaba la Copa al capitán, Iker Casillas, visiblemente emocionado que no podía impedir que las lágrimas inundaran su rostro.

Al igual que el portero, Pep notó como las lágrimas caían de sus ojos. Nunca creyó poder ver a España campeona del Mundo, y menos con la segunda invasión zombie… pero ahí estaban. Vivos y campeones del Mundo.

Salió de nuevo a la terraza. Toda la ciudad parecía ir despertando poco a poco de su letargo y escuchaba a lo lejos algunos gritos, ligeras bocinas, tímidas trompetas… por un día daba igual que los zombies camparan a sus anchas por las calles. España era campeona del Mundo y ningún zombie podría empañar esa fiesta.

Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (4)


Mara negó con la cabeza claramente molesta.

-Ese sitio es una enorme ratonera de piedra –dijo señalando la catedral-. No seas imprudente.

Xavier negó con la cabeza.

-Es suelo sagrado, territorio neutral y protegido –señaló Xavier-. Y dudo que el propio obispo quiera romper esa tradición.

Mara miró otra vez el enorme edificio y se encogió de brazos.

-Es tu vida Xavier –dijo finalmente Mara-. Mientras no pongas en peligro las de los demás… tú verás lo que quieres hacer con ella.

Xavier asintió y sonrió.

-Aprovecha para dar una vuelta por la zona. Seguro que encuentras algo que te guste. Cuando acabe me pondré en contacto contigo.

Mara asintió y siguió con la mirada a Xavier mientras éste entraba en la catedral acompañado de un numeroso grupo de turistas… y un par de personas que se encargarían de vigilar al sacerdote discretamente. Si el cura se creía seguro en suelo sagrado mejor no quitarle la ilusión y ayudar a Dios con esa tarea de protección.

Xavier respiró hondo. No era precisamente tonto. Y entendía que Mara no comprendiera cómo podía poner tanta confianza en otra persona. Pero así era su religión, la fe era algo que no podía explicarse, existían dentro de la Iglesia los llamados dogmas de fe; cosas que sólo se podían creer, y no demostrar. Y aunque él buscaba explicaciones científicas, o más bien acercar religión y ciencia, no negaba que había cosas que por el motivo que fuera no se podían explicar. Y por eso había puesto su vida en manos del obispo de Mallorca. Porque creía que no sería capaz de hacerle nada dentro de tierra santa… otra cosa sería cuando pusiera un pie fuera de la catedral; pero no era cuestión de preocuparse por eso.

Se separó del grupo de turistas y caminó lentamente hasta el altar central de la Catedral. A lo largo de su camino pudo observar los lienzos, las estatuas y los adornos que había a lo largo de la misma. Toda la catedral se había engalanado en vísperas de la celebración del nacimiento del salvador. Y brillaba casi con luz propia.

Se acercó al altar y no pudo evitar sorprenderse al ver el baldaquino. Una enorme construcción que, normalmente, servía de techo del altar y se encontraba sujeto por varias columnas que rodeaban dicho altar. Pero éste… éste parecía flotar en el aire como por arte de magia. No había columnas que lo sostuvieran.

-Fue uno de los locos, o geniales diseños de Gaudí –dijo una voz desde detrás de él-. Es un milagro que se aguante en el aire. Supongo que el mejor sitio para un objeto así y un comportamiento así es éste.

Xavier se giró para identificar la voz que le estaba hablando. A su lado se había situado el obispo, vestido de calle como él, y simplemente identificado como miembro del clero por el collar blanco. Y sonreía.

Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (3)


Por supuesto todo se llevaba en secreto, la Iglesia Católica se había convertido en una fuerza política mundial sin precedentes y su influencia llegaba a todas las esferas, y era imposible luchar contra ella cara a cara. Debían hacerlo con paciencia, erosionando su base, y, con el tiempo, hacer que cayera como el falso profeta con pies de barro en la que se había convertido. Tal vez llevaría décadas… pero los cristianos habían aprendido a ser pacientes.

Ese secretismo le había llevado a Xavier a tener que realizar muchos viajes por el mundo, organizando la resistencia de la verdadera fe, y en uno de esos viajes le había llegado un mensaje del obispo de Mallorca, el cual deseaba verle con cierta urgencia. El problema era que el obispo no era precisamente uno de sus fervientes seguidores, y había criticado duramente a su nuevo movimiento así como su discurso. Pero a pesar de todo… quería hablar con él. Por supuesto tuvo que ser otra persona quién le indicara que podría ser una trampa por lo que se decidió que Mara le acompañara a la isla.

El camino hasta la catedral, que distaba unos 500 metros de la plaza del ayuntamiento seguía estando lleno de gente, en esta zona en su la mayoría turistas que admiraban la arquitectura de los edificios, así como el edificio del Parlament que también estaba poco antes de llegar a la catedral y que, al igual que el otro edificio gubernamental, también estaba vigilado. Pero el flujo de turistas les ayudó a pasar desapercibidos.

Cuando estaban en la explanada de la catedral un nuevo problema se les presentó. Más militares. Al parecer justo enfrente de la catedral había una especie de museo militar, o algo por el estilo dado que había varios soldados guardando el edificio así como un par de vehículos militares. Afortunadamente los soldados estaban más preocupados de alejar a los turistas del edificio que de vigilar quién pasaba por la zona.

Xavier se quedó sin aliento al ver la catedral. Había visto y estado en innumerables catedrales pero… ésta parecía tener algo de especial. Era lo primero que veían la mayoría de personas que llegaban a la ciudad por tierra, mar o aire gracias a su situación, desde la que dominaba la bahía de Palma y parecía vigilar la isla como un enorme guardián de piedra durmiente. Podía ver incluso el castillo de Bellver, que estaba al otro lado de la bahía sobre un montículo, desde el que también se podía ver toda la isla. Y a lo lejos un gigantesco portaaviones anclado en el puerto alejado de la costa. Lo único que rompía tan espectacular imagen.

Xavier volvió a mirar a Mara, que parecía nerviosa ante tanto soldado y tanta gente. Se acercó a ella.

-Voy a entrar en la catedral. Es donde he quedado con el obispo… a solas.

Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (2)


El padre Xavier caminaba extasiado, no tanto como para ser pecado, pero sí lo suficiente para parecerle que iba flotando por las calles llenas de gente. Hacía tiempo que no se sentía tan lleno de esperanza. Ver a la gente caminar por las calles, familias enteras, riendo, cogidos de la mano… era algo esperanzador. Y le hacía recordar porqué había escogido el camino difícil.

Eran fechas navideñas en la ciudad de Palma de Mallorca, el tiempo acompañaba a unas fechas tan entrañables. Bueno… hacía sol, pero la humedad se te colaba hasta los huesos y a menudo ni todas las mantas del mundo podían quitarse la sensación de frío que te entraba. Pero bueno, era un cambio respecto al clima seco de África.

De vez en cuando miraba hacia atrás buscando a Mara que le seguía cómo podía. Parecía que tenía ciertas dificultades para caminar entre tanta gente. Era curioso lo de esta mujer, todavía no tenía claro qué le había impulsado a acompañarle en este viaje de peregrinación.

Las calles del casco antiguo de la ciudad también estaban llenas de gente, pero lo que le llamaba la atención al sacerdote era lo bien conservadas que estaban las iglesias y los edificios de ese lugar. Casi se podía oler la antigüedad de esos sitios. Llegó a la plaza de Cort que se estaba preparando para la llegada del nuevo año. Engalanándose como correspondía a la plaza donde se ubicaba el ayuntamiento de la ciudad. También era uno de los sitios donde más presencia policial y militar había y notó cómo Mara le agarraba de un brazo y le alejaba de la mirada de las autoridades rodeando la plaza por su parte más externa.

El sacerdote no se quejó y se dejó llevar dado que ya había tenido desagradables experiencias con las autoridades anteriormente. Era lo malo de ser declarado un terrorista en el mundo entero y estar en la lista de los más buscados en todas las agencias gubernamentales del planeta… exceptuando tal vez el KGB, pero claro, un sacerdote cristiano no era bien visto tampoco en la Unión Soviética así que…

Sus problemas con la Iglesia habían comenzado cuando había tratado de contar la verdad, de cómo la Santa Sede había intentado aprovechar el fenómeno zombie con propósitos siniestros. Obviamente el Papa le había excomulgado y había avisado a todas las iglesias, parroquias y centros cristianos para que no le dieran asilo ni le prestaran atención y avisaran a las autoridades si aparecía. Afortunadamente había sacerdotes que habían averiguado la verdad por sus propios medios dado que no todos los obispos obedecieron la orden de silencio dada por el camarlengo en su momento.

Y el movimiento clandestino cristiano había comenzado. Como en los primeros tiempos de la religión en época romana. Escondidos y perseguidos. ¿Qué más se necesitaba para demostrar que tenían razón?

Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (1)


Mara Grumpy paseaba por entre las calles de Palma intentando pasar desapercibida. Su objetivo no era muy complicado dado que las mismas estaban llenas de gente haciendo sus compras de Navidad de última hora. Mientras esquivaba gente no podía evitar sentir cierta nostalgia. Debido a la compañía de Xavier no había podido evitar celebrar las Navidades cada año, pero eso no hacía que para ella fueran unas fiestas alegres. Sin amigos, sin familia… sólo ella, la venganza y la compasión, la del padre Xavier que seguía insistiendo en que abandonara su cruzada contra el ‘maligno’ Doc.

Y además, estaba el tema de la gente.

La multitud de gente por las calles. Todos vivos. Caminando, sin rumbo fijo… como si fueran una horda de zombies, empujando y sin miramientos hacia los demás… aunque sin su hambruna. A Mara le costaba mucho avanzar por las calles. No estaba acostumbrada a esa cantidad de gente. Quién diría que en una ciudad tan pequeña pudiera haber tanta gente por las calles… y en los coches, que colapsaban la vía principal que atravesaba la ciudad. Una locura.

Y el único motivo por el que estaba ahí era para… tratar de arrancarle la vida al miserable de Doc, que era más escurridizo que una anguila y que siempre parecía escaparse con vida de entre sus dedos. Su relación se había convertido en un juego del gato y el ratón sin saber ya quién era el gato y quién era el ratón. A lo largo de la última década había perdido la cuenta de las veces que casi había matado a Doc y de las veces en que ella casi había muerto a manos de sus esbirros. Pero aún así, ambos seguían vivos. Una cruel broma del destino.

Y además estaba el padre Xavier. Avanzaba un poco por delante de ella con un rumbo fijo pasando entre la gente, pero de una forma diferente, parecía que la gente se apartara a su paso, sutilmente, como si le rodeara un aura que hacía que la gente se apartara en el último momento. Claro, que eso hacía que la gente luego volviera a su ruta normal y se interpusiera en el camino de Mara. Lo cierto es que inicialmente no había tenido en sus planes acompañar al sacerdote a la isla. Había otra gente más preparada que ella para protegerle… pero le había llegado el rumor de que Doc había reaparecido en aquella isla. Y lo que era peor, con un plan. Y si ese plan se parecía en algo a los anteriores que había llevado a cabo el científico poco bueno se podía esperar.

Así que ahí se encontraba, en medio de la gente, siguiendo a un sacerdote a Dios sabía dónde sólo para conseguir llevar a cabo su venganza, y quién sabe, a lo mejor salvar el mundo de los maléficos planes de ese diabólico científico.

La eterna lucha entre el bien y el mal que diría el padre Xavier.

Jornada 02. Las oscuras sombras del poder 2010 (16)


Doc sonrió.

-Siempre los podéis hundir en los embalses. Al fin y al cabo, ¿Quién se va a dar cuenta? –señaló con tono inocente y cómplice.

-Pero… ¿no contaminaremos el agua? –preguntó uno de los soldados alarmado.

-No –dijo Doc negando con la cabeza-. Esa agua se filtra y se limpia antes de acabar en los depósitos de la gente. ¿No creerían que la gente bebe directamente de esa agua?

Los dos soldados se miraron durante un instante y luego negaron usando la cabeza de forma rápida.

-Claro que lo sabíamos –respondieron casi al unísono los soldados.

-Por supuesto, por supuesto –dijo Doc sin darle importancia–. Pero es natural que se preocupen, eso les hace ser buenos soldados.

Ambos sonrieron ante el halago.

-Pero tampoco es cosa de decírselo a sus superiores –dijo Doc en tono confidencial-. No lo entenderían. Lo único por lo que se preocupan es por el qué dirán. Y no por lo que cuesta hacer el trabajo. Al fin y al cabo no son ellos los que han de transportar los zombies y poner sus vidas en peligro.

Doc no dijo mucho más. Simplemente dejó a los soldados pensativos mientras volvía su atención a los monitores que no estaban mostrando nada de interés.

La semilla estaba plantada. Se acercaba la fecha del comienzo oficial de la operación y notaba la excitación. Se sentía como un niño pequeño en Navidades… nunca mejor dicho.

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Las instalaciones del portaaviones eran considerablemente mejores a lo que esperaba, aunque el pesado del marinero Roberts no dejara de seguirle y mostrarse tan servicial como un perrito faldero. No había manera de deshacerse de él. Aunque a lo mejor eso sería una ayuda al fin y al cabo.

-Marinero Roberts –dijo Doc haciéndose el distraído-, no tengo claro que este barco cumpla con los requisitos necesarios para la cantidad de energía que mis experimentos y mi equipo requieren.

Roberts se puso firme.

-Señor, le puedo asegurar que la energía que podemos generar está por encima de la que puedan necesitar sus equipos.

Doc no parecía muy convencido.

Roberts se comenzó a balancear nervioso cambiando el apoyo de su cuerpo del pie izquierdo al derecho y viceversa.

-Tenemos un par de generadores nucleares señor. Le aseguro que podríamos iluminar sin problemas toda la isla de ser necesario y que no sudarían con el esfuerzo.

Doc puso cara de incredulidad.

-La verdad es que los generadores nucleares son un pequeño hobbie mío –dijo Doc-. Así que tal vez si me muestra esos generadores… podría convencerme y no tendría que ir a hablar con el capitán sobre mis dudas energéticas.

-Bueno –dijo Roberts dubitativo-. Supongo que no hay nada malo en ello. El capitán me ordenó facilitarle todo lo que necesitara. Así que un tour por la sala nuclear, como la llamamos por aquí no creo que sea un problema. Por lo visto su autorización le permite hacer casi de todo a bordo.

Doc sonrió para sus adentros.

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