Jornada 03. El regreso de los muertos vivientes (2)


El padre Xavier caminaba extasiado, no tanto como para ser pecado, pero sí lo suficiente para parecerle que iba flotando por las calles llenas de gente. Hacía tiempo que no se sentía tan lleno de esperanza. Ver a la gente caminar por las calles, familias enteras, riendo, cogidos de la mano… era algo esperanzador. Y le hacía recordar porqué había escogido el camino difícil.

Eran fechas navideñas en la ciudad de Palma de Mallorca, el tiempo acompañaba a unas fechas tan entrañables. Bueno… hacía sol, pero la humedad se te colaba hasta los huesos y a menudo ni todas las mantas del mundo podían quitarse la sensación de frío que te entraba. Pero bueno, era un cambio respecto al clima seco de África.

De vez en cuando miraba hacia atrás buscando a Mara que le seguía cómo podía. Parecía que tenía ciertas dificultades para caminar entre tanta gente. Era curioso lo de esta mujer, todavía no tenía claro qué le había impulsado a acompañarle en este viaje de peregrinación.

Las calles del casco antiguo de la ciudad también estaban llenas de gente, pero lo que le llamaba la atención al sacerdote era lo bien conservadas que estaban las iglesias y los edificios de ese lugar. Casi se podía oler la antigüedad de esos sitios. Llegó a la plaza de Cort que se estaba preparando para la llegada del nuevo año. Engalanándose como correspondía a la plaza donde se ubicaba el ayuntamiento de la ciudad. También era uno de los sitios donde más presencia policial y militar había y notó cómo Mara le agarraba de un brazo y le alejaba de la mirada de las autoridades rodeando la plaza por su parte más externa.

El sacerdote no se quejó y se dejó llevar dado que ya había tenido desagradables experiencias con las autoridades anteriormente. Era lo malo de ser declarado un terrorista en el mundo entero y estar en la lista de los más buscados en todas las agencias gubernamentales del planeta… exceptuando tal vez el KGB, pero claro, un sacerdote cristiano no era bien visto tampoco en la Unión Soviética así que…

Sus problemas con la Iglesia habían comenzado cuando había tratado de contar la verdad, de cómo la Santa Sede había intentado aprovechar el fenómeno zombie con propósitos siniestros. Obviamente el Papa le había excomulgado y había avisado a todas las iglesias, parroquias y centros cristianos para que no le dieran asilo ni le prestaran atención y avisaran a las autoridades si aparecía. Afortunadamente había sacerdotes que habían averiguado la verdad por sus propios medios dado que no todos los obispos obedecieron la orden de silencio dada por el camarlengo en su momento.

Y el movimiento clandestino cristiano había comenzado. Como en los primeros tiempos de la religión en época romana. Escondidos y perseguidos. ¿Qué más se necesitaba para demostrar que tenían razón?

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