Jornada 9. El final del principio (II)


El padre Xavier despertó por la mañana con el cuerpo dolorido. El día anterior había sido duro. Había tardado varias horas en conseguir despistar a los zombies y poder volver a su refugio. Y aunque con los meses su forma física había ido en aumento, la paliza que se había pegado el día anterior le estaba pasando factura ahora. Miró a través de la ventana intentando averiguar qué hora era. Pero las nubes tapaban el cielo. Suspiró. Parecía que iba a llover y eso haría su misión más peligrosa.

Preparó un frugal desayuno y rezó unas oraciones. Pensó con cierta ironía que no era cuestión de estar en el lado malo de Dios. Mientras rezaba meditaba pensaba en su situación. No era precisamente una situación fácil y no sabía tampoco cómo estaba su situación con la Santa Sede. ¿Le debían estar buscando todavía? ¿Se habrían olvidado de él? ¿Seguiría el Camarlengo tratando de silenciarle? Aunque no tenía mucho sentido… pero si uno lo pensaba… y si algo tenía era tiempo para pensar, seguía siendo un cabo suelto. Y si algún día el hombre volvía a hacerse con el control del mundo… él sabía la verdad, que la Iglesia se había pervertido y había hecho un trato con el Diablo. Y aunque era difícil que nadie le creyera, siempre habría algún diario o algún escritor dispuesto a escucharle.

Y la Santa Sede no se lo podía permitir. Bueno, ya pensaría en ello cuando llegara el momento. No era la primera vez que alguien le buscaba para acabar con su vida. Era uno de los motivos que le habían llevado a ser un religioso, su juventud rebelde.

Suspiró mientras estudiaba las nubes. Grises. En cualquier momento podrían comenzar a descargar. La lluvia vendría bien a las calles. Las limpiaría y quitaría parte del hedor a muerte que había en la ciudad.

Pensó si la lluvia afectaría a los zombies. El agua debía de provocar algún tipo de reacción en aquella carne muerta. ¿Acaso un diluvio podría matarlos con su fuerza? ¿Despegando la carne del hueso? La visión era dantesca. Pero los métodos del Señor siempre habían sido espectaculares.

Movió la vista a las calles y se sorprendió. Esperaba encontrar grandes grupos de zombies, pero en cambio… las calles estaban casi desiertas. Había algo de movimiento pero el origen del mismo parecía ser los zombies más gastados y demacrados. Los que no podían moverse al ritmo de los demás.

¿Qué debía estar pasando? Llevaba un tiempo en aquella ciudad matando zombies pero nunca había visto el número de éstos bajar tan drásticamente. Eso no podía haber sido por su mano. Se equipó como cada día y bajó a las calles desiertas a darles la última bendición a aquellas pobres criaturas.

Sin que lo notara, unos ojos le seguían a través de unos prismáticos e informaba a través de su walkie talkie.

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