Jornada 7. Ella. “El fin de los días Parte III” (I) Por JD


Castillo de la resistencia (En el presente)

Gerald no paraba de refunfuñar y jurar en arameo, o en la lengua que juraran los informáticos. Miraba las pantallas, tecleaba furiosamente y volvía a mirar las pantallas. Y volvía a soltar un gesto de desesperación.

Doc le llevaba observando varios minutos sin decir nada. Era un curioso espectáculo ver trabajar a Gerald de esa manera. No habían sido muchas las ocasiones en las que el informático mostrara ese mal humor tan claramente.

Finalmente, y viendo que no había nada nuevo en el comportamiento de Gerard, Doc carraspeó para llamar su atención.

El informático miró las pantallas, y luego clavó su mirada en el recién llegado:
-¿Qué tripa se te ha roto doc? No soy médico, así que no te la puedo arreglar.

-Sólo había venido a ver si tenías noticias de Mara y su grupo- respondió Doc sin hacer caso del mal humor de su compañero-, ya hace…

Gerald le interrumpió.
-Sí, ya sé cuánto tiempo hace que os separasteis. Pero no, no sé nada nuevo de tu pupila, protegida, amante o lo que sea. Si lo supiera te lo hubiera dicho, como dicta el protocolo. En estos momentos tengo problemas más graves que atender que tus problemas sentimentales, parentales o lo que sea.

-No hace falta que te pongas así -respondió Doc algo molesto con el comportamiento del informático-, y te repito que Mara es una compañera más. Ni es mi pareja, ni mi amante, ni mi hija, ni nada de nada. Así que te rogaría que dejaras de repetir esas estupideces.

-Lo que tú digas doc, lo que tu digas -repitió Gerald-, pero recuerdo la primera vez que la viste, y cómo te quedaste blanco y tus ojos se abrieron como si fueras un personaje de anime. Una reacción muy curiosa para alguien que no tiene ningún vínculo con ese bicho raro.

-Fue una reacción… inesperada -dijo Doc algo a la defensiva-, a primera vista me recordó a alguien que había conocido y creía muerta. Pero no era ella. Fue una reacción humana. Si supieras de emociones lo entenderías.

-Oh, el doctor me ha insultado y me dicho que no tengo sentimientos -respondió Gerald simulando el tono de estar dolido-, tendré que ir a Oz para que el mago me dé un corazón, tal vez quieras venir conmigo Doc, a ver si el mago te da un cerebro. O a lo mejor prefieres ser Toto.

Doc no respondió inmediatamente, respiró hondo y trató de no caer en el juego de Gerald.
-¿Por qué estás de tan mal humor?

-¿Tal vez porque no consigo contactar con los satélites que controlan los teléfonos vía ídem? -respondió Gerald con cierto retintín-. Cuando salí de la ciudad estaban en los cielos. Cuando lo comprobé en la base militar, estaban orbitando alrededor del planeta. Cuando quise usarlos para nuestras comunicaciones a larga distancia… Boom, habían desaparecido.

Doc alzó las cejas en señal de sorpresa.
-¿Quieres decir que han caído sobre algún lugar de la Tierra?

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